D. Vicente Nieto celebra sus bodas de oro sacerdotales

D. Vicente Nieto celebra sus bodas de oro sacerdotales

 

El ministerio sacerdotal de D. Vicente ha estado dedicado casi en su totalidad a la formación sacerdotal: 46 años. Europa, América y África saben lo que es su entrega total y sin descanso por los seminaristas. En esta larga entrevista D. Vicente nos habla del origen de su vocación, sus recuerdos, su pequeña historia, los lugares por donde ha pasado… también alguna anécdota simpática. Para él ser sacerdote operario es trabajar en el fomento y formación de las vocaciones llevando a cabo esta tarea en fraternidad sacerdotal.

El 19 de septiembre es ocasión para dar gracias a Dios con un coro con voces de cinco países.

1. ¿Qué significa para ti celebrar 50 años de sacerdocio?

De los cincuenta años de sacerdote, trabajé cuarenta y seis en formación sacerdotal. Nunca pedí nada ni mostré deseos de nada. Fui donde me pidieron que fuese. La vida y los trabajos me fueron  configurando. Nunca hubiese tenido la osadía de escoger trabajar ministerialmente en tres continentes y en cinco países. Eso significó para mí un gran enriquecimiento personal. Estoy muy agradecido a mis superiores de la Hermandad, si bien es verdad que me hubiera gustado poder hacer el doctorado en teología.

En los primeros años me llamaban mucho la atención las “diferencias” entre personas, reacciones, situaciones… En los últimos años estoy a sorprenderme más por las “semejanzas” que encuentro en todos y en todo.

Mirando para atrás, lo que más me conforta y anima es haber sido instrumento de Dios y de la Iglesia para que decenas de jóvenes llegasen al sacerdocio en tres continentes.

D. Vicente recibiendo del Director General el regalo de la cruz por sus bodas de oro

2.¿Cómo surge tu inquietud por ser sacerdote, lo que te motivó para entrar en el Seminario?

Dios es el que llama, del modo que quiere. En mi caso se sirvió de tres factores para que yo fuese descubriendo poco a poco su llamada: una familia cristiana y practicante, la familiaridad con el párroco y con otros sacerdotes y una tía religiosa, hermana de mi madre, que orientó a mis padres para que me llevasen al Aspirantado de Salamanca para cursar el bachillerato, cuando yo sólo tenía diez años y ninguna idea de ser sacerdote.

Fue en el Aspirantado donde prendió en mí la chispa vocacional, pues los operarios orientaban vocacionalmente la formación. Fue así como surgió en mi la pregunta: “Vicente, tú ¿por qué no?” No encontrando argumentos para la negativa, terminado el bachillerato opté por el sacerdocio en la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos. Mas hice con Dios una especie de pacto que podía formularse así: “Dios mío, si voy para el sacerdocio es porque pienso que me quieres ahí, no por gusto o por conveniencias personales. De no ser así, espero que seas bueno conmigo y me lo hagas saber”.

Dado que mi vida en el Aspirantado transcurrió pacífica y productivamente, sin sobresaltos, interpreté, también con la ayuda de mis formadores, que Dios contaba conmigo.

3.¿Qué recuerdos te quedan de tu época en el Aspirantado?

Son tantos los recuerdos de los años de formación en el Aspirantado, la Pontificia, el Año de Probación, las actividades de vacaciones…, que sería improcedente pormenorizar. Espontáneamente vienen a mi memoria, más que acontecimientos, personas: compañeros, formadores y algunos profesores.

Aunque no soy propenso a darle vueltas en mi cabeza al pasado, conservo fresco el cariño y la admiración por todos ellos.

4.¿Cómo viviste el día de tu ordenación sacerdotal?

Dado que mi ordenación el 19 de septiembre de 1967 fue de improviso y a correr, como ya expliqué, sólo me acompañaron algunos familiares. Conservo dos imágenes: la de la capilla del Seminario de Calatrava, donde fue la ordenación, y el rincón del comedor del Aspirantado donde tuvimos la comida aquel pequeño resto de Israel.

No acepté los regalos que eran típicos para los “misacantanos”: ornamentos y cáliz. Mis dos tías monjas lo comprendieron.

Viví  aquel día con normalidad, más en el plano fe/razón /voluntad que en el de la afectividad.

D. Vicente con seminaristas de Malanje (Angola)

5.¿Qué ministerio has desempeñado como operario durante estos años?

  • Tres años en Zaragoza, en el Seminario Mayor (1967-1970).
  • Cuatro en Madrid, como responsable de un grupo de vocaciones adultas (1970-1974). Aproveché para iniciar los estudios de teología pastoral en el Instituto de Teología Pastoral en Madrid, de la Universidad Pontificia de Salamanca, y trabajé los dos últimos años en la Comisión de Seminarios y Universidades, de la Conferencia Episcopal Española.
  • Once años en México (1974-1985), nueve como rector del Aspirantado y dos en parroquias.
  • Dos años en Múnich, Alemania (1985-1987), de administrador del Colegio Español, colaborando también en la pastoral juvenil de la Misión Católica Española.
  • Once años más en el Seminario Mayor de Zaragoza, esta vez como director espiritual (1987-1998). Fui profesor de teología espiritual y de latín.
  • Ocho años en el Seminario de Malanje, Angola (de enero de 1999 a diciembre de 2006). Durante dos años fuimos la única institución de enseñanza que funcionaba, por la guerra. En los tres años de filosofía fui profesor de varias materias. (La  ida para Angola fue preparada en Lisboa, en el último trimestre de 1998, aprendiendo portugués, aprendizaje completado durante quince días en el Seminario Mayor de Évora).
  • En diciembre de 2006 llegué a Évora (Portugal); en enero de 2007 comencé a ejercer de rector, trabajo en el que prosigo.

 

6.¿Por qué sigues siendo sacerdote 50 años después?

Los motivos que me llevaron al sacerdocio siguen ahí, válidos como entonces y hasta quizá más urgentes que entonces…

Vale la pena ser sacerdote porque ofrecemos, hasta gratis, lo que más vale: el Evangelio de la salvación y de la alegría. Respondemos a las necesidades humanas más básicas y radicales, aunque estos muchas veces no las perciban ni siquiera las experimenten.

Esta misión nunca acaba. E incluso aumenta su valencia cuando se trata de promover y formar futuros sacerdotes

Sigo siendo sacerdote porque ahora más que antes puedo recitar con todo sentido, alma  y corazón los versículos del salmo 16(15) que rezamos en Completas: Yo digo al Señor: “Tú eres mi dueño, mi único bien; nada hay comparable a ti”… Tú, Señor, eres mi copa y el lote de mi heredad, mi destino está en tus manos. Me ha tocado un lote delicioso, qué hermosa es mi heredad!

7.Durante estos 50 años ¿cómo ha evolucionado tu manera de vivir el sacerdocio?

Podría tipificar esta evolución con estos términos: concentración, expropiación y visión ampliada. El querido y añorado operario Nicolás González, cuando colaborábamos en el Seminario de Zaragoza, usaba la expresión “reducción existencial”, que ya también hice mía. Los mismos que antes gustábamos tener agendas llenas de compromisos pastorales y sociales, nos estábamos convirtiendo en “conventuales”, en expresión del propio Nicolás.

Explica la evolución en mi manera de vivir el sacerdocio lo que Jesús dijo a Pedro en la última entrevista que tuvieron:  Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras más joven, tú mismo te ceñías el vestido e ibas adonde querías; mas, cuando seas más viejo será otro quien te ceñirá y te conducirá…  Después añadió: Sígueme (Jn 21, 17-19).

 8.¿Qué significa para ti ser sacerdote operario?

Lo resumiría en dos cosas: trabajar en los objetivos de la Hermandad, principalmente en el de fomento, apoyo y formación de vocaciones sacerdotales; y hacer este trabajo en fraternidad sacerdotal, en equipo, como gustamos decir los operarios.

Debo  a la Hermandad el haber trabajado cuarenta e seis años en formación sacerdotal. Por la Hermandad soy lo que soy. Nuestro ministerio, se dice ahora, tiene un efecto multiplicador. Lo que ya decía Mosén Sol y nos repetía años atrás: “Causa causae est causa causati”.

D. Vicente con la comunidad del Seminario de Évora y el Sr. Obispo

9.¿Cómo ha sido tu experiencia de fraternidad sacerdotal?

Señalaba en la respuesta anterior que la fraternidad sacerdotal o vida de equipo es elemento definitorio de la vivencia del ministerio en la Hermandad. Yo así lo he vivido, de forma análoga. Cuando trabajé conjuntamente con varios operarios, la experiencia de fraternidad fue gratificante y estimulante. Mas trabajé muchos años en pareja, siendo solo dos operarios los miembros del equipo. Estoy muy agradecido y reconocido a la Hermandad y a mis colegas operarios con quienes trabajé en pareja. Esto es mejor que trabajar solo. Pero no es lo mejor.

10.Una experiencia inolvidable…

La devoción del pueblo mexicano a la Virgen de Guadalupe, sobre todo de la gente más simple y pobre, me proporcionó muchas experiencias inolvidables, que me impulsaron grandemente en mi devoción mariana. Os cuento una entre muchas.

A los dos  meses de haber llegado a México (octubre de 1974), viví mi primera fiesta de Guadalupe haciendo de párroco de un barrio pobre, Palo Solo, que tenía una capilla. Pocos días antes de la fiesta – 12 de diciembre – se me presentó la comisión gestora de la colecta para informarme que habían recogido unos 12.000 pesos (70.000 pts. de entonces). Sugerí que podíamos aprovechar la oportunidad para instalar megafonía en la iglesia. Como nadie dijo nada, dejé correr las cosas. Todo el dinero fue gastado en flores frescas, músicas y fuegos de artificio (colecta para la Virgen). Días después, la misma comisión me sugirió hacer otra colecta para la megafonía (para nosotros)…

11.Una anécdota graciosa…

Podría contar varias anécdotas relativas a errores lingüísticos – de pronunciación o de oído – cometidos por mí al tener que comunicarme en diversas lenguas  (inglés, francés, alemán, kimbundo e portugués) en mis ministerios y desplazamientos.  Ahí va una:

Estando en México, el operario José Feliz tuvo un desprendimiento de retina. Sus buenos amigos le financiaron el tratamiento en Houston, Texas. La Hermandad me pidió que lo acompañase. La primera noche, antes de ingresar en la clínica, la pasamos en el Hotel Sheraton. Porque el enfermo debía permanecer inmóvil, pedí para él la cena (pollo frito) por el teléfono interior del hotel, en mi inglés: “Fried chickens with french potatoes”. Después de mucho esperar, abrió la puerta de la habitación un elegantísimo señor negro, empujando una mesa grande de blancos manteles, preparada para que varias personas comiesen cinco pollos (five chickens).

12. Un mensaje para quien se pregunta por su vocación

Mi primer mensaje iría encaminado para que todos se pregunten por su vocación, especialmente los jóvenes. Para ello remito al próximo sínodo de 2018, cuyo lema es: Jóvenes, vocación y discernimiento.

Seguidamente pediría a todos abrir los ojos y ver la realidad, las necesidades de la gente, con los ojos del corazón. El corazón  de Cristo era compasivo. Por eso decidía y actuaba movido por la compasión.

Finalmente, después de ver así la vida, preguntarse: Cómo podría yo responder a esas necesidades?, siendo  sacerdote?, por qué no?

13. Un pasaje bíblico

El capítulo 8 de la Carta a los Romanos.

14.Un libro

Las confesiones, de San Agustín.

15.Una película

Hace años que no veo cine. Recuerdo las películas del surrealismo italiano e con mucha simpatía la española: Bienvenido, Míster Marshall.

16.Un personaje

El Cardenal Newman.

 

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