“Sigo sintiendo que el Señor necesita mi debilidad”

“Sigo sintiendo que el Señor necesita mi debilidad”

José Ayllón Hidalgo (La Villa de Don Fadrique, Toledo, 4 de marzo de 1962) pasa horas y horas en presencia del Señor: haciendo oración frente al Santísimo, atendiendo a los feligreses del Templo de la Reparación de Tortosa o acompañando a los enfermos del Hospital Virgen de la Cinta. Este sacerdote operario diocesano celebra hoy el 25º aniversario de su ordenación como presbítero, acontecida el 14 de julio de 1996. Un cuarto de siglo dedicado especialmente a la formación y la pastoral vocacional, aunque ahora desempeñe otra misión. En esta entrevista, Pepe, como le gusta ser conocido, hace un repaso por su trayectoria como sacerdote.

1.- ¿Qué significa celebrar los 25 años de sacerdocio?

Para mí está significando un intenso momento de acción de gracias. Un momento para recapitular lo vivido, para hacer examen de conciencia pidiendo perdón a Dios y a los hermanos por los fallos cometidos. Un momento para redescubrir la luz de Cristo, la luz de la Verdad que me oriente para seguir siempre el Camino.

2.- ¿Cómo surge tu vocación por el sacerdocio?

Desde pequeño había tenido la referencia de un sacerdote en mi vida: en la parroquia, en el colegio… Pero no hice caso a la llamada que venía sintiendo desde niño.

Al regreso del servicio militar, volví al grupo parroquial como monitor. El contacto con los sacerdotes y las religiosas de la parroquia de mi pueblo suscitó en mí preguntas que hasta ese momento no me había hecho, o no me había querido hacer. Y a partir de aquí empecé a realizar un discernimiento más profundo, buscando responder a la pregunta: ¿qué quiere el Señor de mí?

3.- ¿Qué recuerdos tienes de tu formación en el seminario?

En la Hermandad hay sacerdotes que pasaron por el Aspirantado y otros que se han formado en los seminarios diocesanos. Yo soy uno de estos últimos. Estudié en el Seminario San Ildefonso de Toledo, donde mis formadores eran todos operarios. Allí, junto a ellos, descubrí la obra de Mosén Sol.

En el seminario fui descubriendo que, como decía mosén Sol, “la formación del clero es lo que podríamos llamar la llave de la cosecha en todos los campos de la gloria de Dios”. Y esto me fue enamorando y poco a poco el Señor me fue mostrando el camino.

4.- ¿Cómo fue el día de tu ordenación sacerdotal?

Si te digo la verdad, tengo recuerdos mezclados, un tanto confusos. Eso sí, recuerdo perfectamente el tiempo que estuvimos postrados durante el canto de las letanías de los Santos. Fue un momento en el que pasó por mi mente toda mi vida.

Otro momento fue cuando nos revestían con la casulla. Me ayudaron dos sacerdotes muy importantes en mi vida: D. Julián, el párroco de mi pueblo, y D. Justo, el director espiritual en el seminario.

A Don Julián solo le vi llorar en dos momentos: en un funeral y en aquel momento. Esto, recordado con el paso de los años, me sigue emocionando.

5.- ¿Qué ministerios has desempeñado en estos 25 años? ¿Cómo vives tu actual misión?

He hecho un poco de todo: párroco, formador del seminario menor en Guadix, Zaragoza, Canarias y Plasencia, responsable de la pastoral juvenil de la Hermandad en España, vicerrector del Colegio Venezolano en Roma, subdirector del Colegio Español en Múnich, rector del Seminario San Basilio Magno de Santiago de Cuba y capellán del Templo de la Reparación de Tortosa.

Desde hace dos años mi misión se desarrolla en el Templo de la Reparación y como capellán del Hospital Virgen de la Cinta. Es una labor distinta a todo lo anterior: la atención en el Templo permite tener ratos largos de oración ante el Santísimo, confesiones, atención a personas que necesitan consultar algo o simplemente desahogarse. La atención en el hospital me está ayudando a comprender mejor al enfermo, a entender su sufrimiento vivido de formas muy distintas: desde la rebelión hasta la aceptación y en muchos casos la resignación.

6.- ¿Por qué sigues siendo sacerdote?

            Porque sigo sintiendo cada día la llamada del Señor que me dice: “Necesito tu debilidad”.

7.- ¿Cómo ha evolucionado tu manera de vivir el sacerdocio?

            Ha dependido de la misión encomendada. Cada día voy viviendo más intensamente la máxima de tantos santos: “Nada pedir, nada rechazar”. Como decía san Francisco de Sales, vivir la santa indiferencia.

8.- ¿Qué significa ser sacerdote operario?

Significa ser sacerdote y solo sacerdote. Significa vivir de Cristo en la Eucaristía. Significa trabajar por los jóvenes, por las vocaciones. Significa vivir cada momento de nuestra vida, en palabras de Mosén Sol, con “el espíritu de amor y reparación a vuestro Corazón Sacra­mentado.”

9.- ¿Cuál es tu experiencia de fraternidad?

El apoyo de los compañeros y la convivencia, no siempre fácil, me han ayudado a superar momentos de dificultad. La vida y la misión en común me han ido enriqueciendo y me han enseñado a trabajar en equipo, aunque muchas veces me haya resistido.

10.- Un mensaje para quien se pregunta por su vocación.

Le diría que escuche la voz de Dios, que no se resista, que busque ayuda para identificarla y discernir. Responder a la llamada, en muchos momentos, no será placentero, pero nos hace felices.

11.- Una experiencia inolvidable.

El tiempo de ministerio en Cuba. En todos los lugares se ha quedado un pedazo de corazón, pero allí se quedó uno bien grande. Se quedaron pedazos por el camino, pero los huecos se llenaron sobremanera. ¡Qué grande el Amor de Dios!

12.- Una anécdota graciosa.

Tuve un monaguillo muy especial al que le encantaba tocar la campanilla en la consagración. Un domingo no teníamos campanilla, se había roto el badajo y lo estaban arreglando. El chaval no dijo nada, pero sospecho que estuvo dando vueltas al hecho de tener que celebrar Misa sin campanilla y resolvió. En el momento de elevar la Sagrada Hostia tras la consagración, empecé a escuchar “tilín, tilín, tilín”. Dudé de si era real lo que estaba ocurriendo, y sí que lo era, allí estaba “mi monaguillo” reemplazando la campanilla estropeada.

13.- Pasaje bíblico favorito.

Te pongo un pasaje del final del Evangelio de Juan y una cita de San Pablo

Juan 21, 15-19: “Pedro, ¿me amas?”.

Romanos 8, 31: “Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?”.

14.- Un libro.

El nombre de la Rosa (Umberto Eco)

15.- Una película.

La misión.

16.- Un personaje.

Don Quijote.

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