Operarios en seminarios reflexionan en Roma sobre los desafíos de la formación de la Iglesia de hoy

Operarios en seminarios reflexionan en Roma sobre los desafíos de la formación de la Iglesia de hoy

Del 13 al 25 de julio, el Pontificio Colegio Español San José de Roma acogió un curso de Formadores de Seminarios, en el que participaron más de 30 operarios que trabajan en los seminarios y otras plataformas dedicadas a la pastoral vocacional. En estos días de convivencia, abordaron el estilo formativo de la Hermandad ante los desafíos de la Iglesia de hoy.

“Con estas reuniones, fortalecer los vínculos de nuestra fraternidad, alentarnos […] formar unidad […] dilatar nuestro corazón al gozo y a la alegría santas con las mutuas expansiones y presencia, unos de otros” (Escritos I, 5º, 38).

Animados con estas palabras del beato Manuel Domingo y Sol y en un ambiente de fraternidad, más de 30 operarios que trabajan en los seminarios y otras plataformas dedicadas a la pastoral vocacional se reunieron durante dos semanas del mes de julio en Roma para participar en el Curso de Formadores de Seminario bajo el lema ‘El servicio formativo de la Hermandad ante los desafíos de la Iglesia hoy. ¿Desde qué estilo formativo respondemos?’.

El curso, organizado por los operarios Carlos Comendador, Francisco Ceballos y Emmanuel Lwamba, se celebró desde el lunes 13 hasta el sábado 25 de julio en el Pontificio Colegio Español San José de Roma, fundado por el beato Manuel Domingo y Sol en 1892. Participaron operarios y otros sacerdotes diocesanos que trabajan junto a ellos en seminarios de distintos países de Latinoamérica.

El discurso inaugural estuvo a cargo de D. Florencio Abajo, Director general de la Hermandad, que, haciendo lectura del relato de la llamada y el envío de los Doce en el evangelio de Marcos, acerca de la identidad de Jesús y de sus discípulos, les recordó a los presentes que “hoy, los formadores de los que son llamados a dar continuidad a ese grupo de los Doce, hemos de releer esos textos para que seamos fieles a la voluntad del Maestro”.

Las jornadas se desarrollaron en tres módulos y contaron con las intervenciones de sacerdotes y obispos expertos que presentaron los fundamentos teológicos, antropológico-hermenéuticos y pedagógicos de la formación sacerdotal. Las distintas exposiciones tuvieron como eje el estilo formativo propio de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, puesto en diálogo con la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, al cumplirse diez años de su publicación, y con el horizonte abierto por el proceso sinodal que vive actualmente la Iglesia.

Las conferencias ofrecieron a los participantes herramientas para leer los desafíos que afrontan hoy los seminarios y las instituciones dedicadas al acompañamiento vocacional. A partir de ellas se abordaron cuestiones relacionadas con la identidad del formador, la integralidad del proceso educativo, el discernimiento, la madurez humana y afectiva, el acompañamiento espiritual, la cultural juvenil y digital contemporánea y la necesidad de promover ambientes seguros y caracterizados por una auténtica cultura del cuidado.

 

Junto con las conferencias diarias, los participantes tuvieron espacios de trabajo y reflexión en equipos mediante el método sinodal de la Conversación en el Espíritu, propuesto por el Sínodo de la Sinodalidad para “promover la participación activa, la escucha atenta, el habla reflexiva y el discernimiento espiritual”. Metodología que permitió que las aportaciones académicas fueran confrontadas con la experiencia concreta de quienes sirven en seminarios y proyectos vocacionales de diversos contextos eclesiales y culturales. La escucha mutua, los momentos de silencio y la puesta en común ayudaron a reconocer inquietudes compartidas, valorar las experiencias de los demás y buscar respuestas que no nacieran únicamente de planteamientos teóricos, sino también de la oración y del discernimiento comunitario.

 

Ruta Mosén Sol

El programa incluyó igualmente espacios destinados a profundizar en las raíces históricas y espirituales de la Hermandad. Uno de los momentos más significativos fue la realización de la llamada ‘Ruta Mosén Sol’, un recorrido por algunos de los lugares vinculados con las estancias de don Manuel en Roma, a lo largo de los trece viajes que hizo entre el 4 de octubre de 1890 y noviembre de 1896, en las que fue discerniendo y dando forma a diversos caminos de la Hermandad y a su servicio en favor de las vocaciones sacerdotales.

La ruta comenzó junto a la columna de la Inmaculada Concepción, situada en la plaza de España, lugar especialmente relacionado con la espiritualidad mariana de Mosén Sol. Desde allí, el grupo visitó otros espacios vinculados con su presencia en Roma, entre ellos el palacio Altemps, hasta concluir en la iglesia nacional española de Santa María de Monserrat. Más que una simple visita histórica, el recorrido permitió acercarse a la experiencia espiritual del beato Manuel Domingo y Sol y contemplar cómo sus viajes a Roma estuvieron marcados por la búsqueda, el discernimiento y la confianza en la acción de Dios. Los lugares recorridos ayudaron a comprender mejor las decisiones que tomó y la progresiva configuración del carisma de la Hermandad.

Los participantes también se trasladaron a la localidad de Cori, en la región italiana del Lacio, acompañados por el profesor Dario Vitali, asesor académico del Pontificio Colegio Español y profesor de la Pontificia Universidad Gregoriana. Durante la visita, pudieron contemplar los frescos del siglo XV de la capilla de la Anunciación, una de las expresiones artísticas más destacadas de la localidad, así como la iglesia de Santa Oliva, cuyos orígenes se remontan al siglo XII. Las explicaciones históricas, artísticas, teológicas y también catequéticas, ofrecidas durante el recorrido ayudaron a leer aquellas obras no solo como testimonios del pasado, sino también como manifestaciones de una fe transmitida a través de la belleza conservada a través del tiempo.

 

Vivencia de la fraternidad

La convivencia diaria, las celebraciones litúrgicas en la capilla San José del Colegio, la oración compartida y los momentos informales completaron una experiencia marcada por la fraternidad sacerdotal. La diversidad de procedencias y responsabilidades pastorales permitió poner en común distintas maneras de afrontar la formación y reconocer que, a pesar de las particularidades de cada país, muchas de las preguntas y desafíos son compartidos.

La fraternidad se hizo especialmente visible en la celebración de los aniversarios de ordenación presbiteral de los operarios de la delegación de África Pierre Claver, Venance Kalombo, Víctor Tshibangu y Fabien Mavula, así como de Daniel Lascano, de la delegación del Cono Sur, que pudieron conmemorar junto a sus compañeros el don de su ministerio sacerdotal.

De manera particular, se celebraron las bodas de oro sacerdotales de D. Eusebio Pascual Cabrero, quien el 11 de julio cumplió cincuenta años de ordenación presbiteral. Con este motivo, recibió la cruz dorada de la Hermandad de manos del Director general, D. Florencio Abajo, en compañía de los demás operarios y sacerdotes participantes en el curso. La celebración se convirtió en una ocasión privilegiada para agradecer su fidelidad y reconocer el testimonio de una vida entregada al servicio del sacerdocio y de las vocaciones.

El curso concluyó el sábado 25 de julio con el compromiso de continuar profundizando en un estilo formativo capaz de integrar la solidez teológica, el conocimiento de la persona, el acompañamiento cercano y el discernimiento espiritual. Tras dos semanas de estudio, oración y convivencia, los participantes regresaron a sus lugares de misión con nuevas herramientas para su servicio y con la convicción de que la renovación de la formación sacerdotal no depende únicamente de nuevos programas o estructuras, sino también de la calidad humana, espiritual y fraterna de quienes han recibido la misión de acompañar las vocaciones.

Esta experiencia recordó, en definitiva, que formar sacerdotes para la Iglesia de hoy exige aprender a caminar con cada persona, escuchar lo que el Espíritu dice en medio de los cambios culturales y permanecer fieles a un estilo de servicio que, siguiendo la intuición de Mosén Sol, sitúe el cuidado de las vocaciones en el centro de la vida y de la misión.

 

Mensaje del Director general

Como dijo D. Florencio Abajo en su discurso de clausura a los presentes:

“Los destinatarios de nuestro ministerio, de nuestros trabajos, oraciones, desvelos, sacrificios, renuncias… Los destinatarios son los seminaristas que tenemos a nuestro cuidado, esa porción de hijos de Dios que el mismo Señor ha llamado para servir un día a su pueblo y que se preparan para ello bajo nuestros cuidados.


El ambiente familiar que vamos a promover en el Seminario, nuestra presencia constante, la cuidadosa dedicación a cada seminarista, la atención a su progreso vocaciona,… son la expresión del cariño que les tenemos y de la terrible responsabilidad ante la encomienda que el Señor nos ha hecho. No podemos ser como esos pastores mercenarios de Ezequiel 34, que en lugar de cuidar al rebaño solo se cuidan a sí mismos. Solo piensan en sí mismos. La tarea en ocasiones es ingrata. Los chicos no son perfectos. No vemos frutos a corto plazo…


Tenemos que recordarnos a cada momento que “la formación del Clero es lo que podríamos decir la llave de la cosecha en todos los campos de la gloria de Dios. Nosotros más que apóstoles parciales, hemos de ser moldeadores y formadores de apóstoles”. Querer y cuidar a los seminaristas. Somos el corazón y las manos de la misericordia de Dios para ellos”.

 

Autor de la crónica: Allan Arguinzones, sacerdote operario participante en el curso

 

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