La devoción de don Manuel a los Santos Ángeles

La devoción de don Manuel a los Santos Ángeles

¿Qué decía Mosén Sol sobre los Custodios? Os lo contamos.

Puede que más de uno se sorprenda al descubrir que los Santos Ángeles son protectores de la Hermandad. Así lo quiso el fundador, el Beato Manuel Domingo y Sol, que les tenía una especial devoción. Mosén Sol no sólo sentía devoción por los Ángeles en general y por el Ángel de la Guarda de cada persona en particular, sino que además se encomendaba a los Ángeles Custodios de cada asociación, parroquia, ciudad o diócesis. En sus cartas, son innumerables las veces que sugiere el pensamiento de acudir a ellos para ser más eficaces en los trabajos de la gloria de Dios y por el bien de las personas.

Él mismo acostumbraba a encomendarse a su propio Ángel cada vez que comenzaba un viaje, para que le deparase en los trenes las personas más espiritualmente provechosas y deseables. Predicaba la devoción a los Santos Ángeles y además la promovía. En este sentido les decía a los operarios:

Estampa del Santo Ángel de España, diseñada con las instrucciones de Mosén Sol.

«La devoción a los Santos Ángeles – les dice – ha de ser mirada con marcada predilección por los Operarios. La solicitud de estos bienaventurados espíritus para con los hombres y su poderoso valimiento, deben engendrar en nosotros una viva confianza y movernos a invocarlos frecuentemente en nuestras continuas ocu­paciones, viajes y peligros, y a comunicar esta misma devoción a las almas y especialmente a la juventud que nos está confiada. Al pasar por las parroquias, saludemos al Santo Ángel y Patronos de ellas, para que bendigan los intereses de Jesús en las mismas; y al penetrar en el término de aquella a que nos dirigimos, recemos un padrenuestro a su Santo Ángel. También deben invo­car diariamente, mediante el rezo de un padrenuestro, al Ángel de la diócesis en donde operan, y confiarle el éxito de las empresas arduas en ella y la elección de los jóvenes que deban venir al Colegio. En especial, deben practicar y promover la devoción al Abogado especial de nuestra Hermandad, el Santo Ángel del Reino, y confiarle el cuidado y extensión de nuestra Obra en todo él, rezándole un padrenuestro cada día y ofreciéndole un pequeño tributo el primer día de cada mes, aunque no sea más que la antífona y la oración».

Comenta Antonio Torres, su primer biógrafo, que con razón ha merecido ser llamado don Manuel “el apóstol de la devoción a los Santos Ángeles en el siglo XIX”. Fue un gran propagandista de la devoción al Santo Ángel de Tortosa y al Santo Ángel de España mandando imprimir miles estampas para difundir su culto. Redactó también un Proyecto de Pía Unión de oraciones al Santo Ángel de España que implicaba la creación de centros diocesanos. En diciembre de 1897, había logrado establecer catorce centros diocesanos. Parece ser que algunos de sus Operarios temieron que esta dedicación secundaria pudiese distraer a don Manuel de otros problemas más arduos y trascendentes.

El Cerro de los Ángeles en España, donde puede verse el monumento al Sagrado Corazón de Jesús.

Pero su gran sueño era erigir un monumento al Santo Ángel de España en el Cerro de los Ángeles (Getafe, España). Después de dos años diseñando el proyecto con el sacerdote y artista don Luis Iñigo, visitó finalmente el cerro el 21 de abril de 1902 para realizar algunas concreciones. Pero al año siguiente don Manuel estuvo convaleciente y su salud no volvería a ser la misma. Dios no le concedió el consuelo de realizar este proyecto y seguramente desde el cielo se gozaría igualmente con la erección del del monumento al Corazón de Jesús.

¿Cómo entendía Mosén Sol la devoción a los Santos Ángeles? Él mismo lo explicó en un artículo publicado en el “Correo Interior Josefino”:

«La devoción a los Santos Ángeles es una de las devociones más gratas, eficaces y consoladoras que nos propone la Iglesia. Más grata: porque es muy dulce el pensamiento que la fe nos ofrece de tener constantemente a nuestro lado, y dispuesto a devolvernos una sonrisa cariñosa a cada una de nuestras miradas, a uno de esos cortesanos del cielo, radiantes de luz y de gloria; y esto, lo mismo entre el ruido de nuestras comunicaciones con el mundo, que cuando nos encontramos en la soledad del campo o en el quieto retiro de nuestra habitación, en las solitarias horas de la noche… Más eficaz: porque la consideración de que nos está mirando, nos contiene, y es un escudo contra las tentaciones. «¿Acaso te atreverías, dice San Bernardo, a hacer delante del Ángel lo que no harías delante de mí?» La más tierna y consola­dora: La presencia de Dios nos inspira temor, aunque saludable; mas el pensamiento de que tenemos este Guardián a nuestro lado, sin otro objeto que favorecernos, hermano nuestro, y coherederos suyos, nosotros, del reino de los cielos, no puede menos de infun­dirnos cierta libertad y confianza tiernísimas».

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