La confianza de Mosén Sol en el Corazón de Jesús

La confianza de Mosén Sol en el Corazón de Jesús

¿Qué significa esta devoción para el beato Manuel Domingo y Sol?

El beato Mosén Sol, como hijo de su tiempo, tenía una espiritualidad fundamentada en la devoción al Corazón de Jesús. Entendió la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos que fundó, como fruto del Corazón de Jesús. Por ello quiso sus operarios fueran apóstoles de su Corazón.

Pero ¿qué significó para don Manuel esta devoción? ¿Cómo la vivía? Recogemos en este artículo algunas ideas propuestas por el operario Román Sánchez Chamoso.

La época de Mosén Sol

La devoción al Corazón de Jesús dominaba en tiempos de Mosén Sol como él mismo confiesa: “Cada época tiene sus necesidades. Somos cristianos de este siglo, el siglo del Corazón de Jesús. Debemos cumplir, pues, las obligaciones de este siglo” (PyE, 97; cf. 246). Es una idea ampliamente compartida. De hecho, La devoción al Corazón de Jesús se convierte en la expresión más popular de la piedad del siglo XIX.

Con esta devoción se frecuenta la “escuela del amor” para llevar este amor a un mundo frio y sin corazón. Es además una devoción que procede de la base del pueblo de Dios, no del magisterio ni de la teología, sino que es un movimiento popular genuino.

La Hermandad y el Corazón de Jesús

El Beato Manuel Domingo y Sol puso al Corazón de Jesús en la cabecera de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos en la primera redacción de sus bases y reglas: “El titular de la Hermandad es el Corazón de Jesús” (Const 6; cf. IdH, 476). Por ello afirmaba que “es el emblema especial del escudo y sello de la Hermandad” (PyE, 94).

Vuelve constantemente sobre esta idea, inculcándola en los operarios, hasta el punto de que “debe ser el sentimiento peculiar, constante, tierno, interior de nuestros corazones” (Escritos, I, 5, 31) y “el móvil de todas nuestras operaciones” (PyE, 94), “el que ha de regular nuestros actos, y a quien debemos acudir en las pruebas y necesidades…, es el centro de todas nuestras devociones” (IdH, 476; cf. PyE, 42, 90, 251, 279).

La Hermandad es para don Manuel obra del Corazón de Jesús: “Nuestra Obra ha brotado del Corazón de Jesús Sacramentado, silencioso, olvidado, desconocido, ultrajado” (PyE, 94; cf. 77; IdH, 111). En esta peculiar manera de ver al Corazón de Jesús –“silencioso”, “olvidado”, “desconocido”, “ultrajado”– se esboza en filigrana el tipo de reparación que debe tributársele.

La confianza de Mosén Sol en el Corazón de Jesús

Esta devoción rebasa el sentimentalismo y apunta a los más sólido: “La mejor devoción al Corazón de Jesús es imitar sus sentimientos y sus afectos” (Escritos, I, 1, 113), en la más estricta línea paulina.

De esta devoción vivamente encarnada se deriva el intenso y multiforme apostolado para incrementarla, que establece como tercer objeto de la Hermandad y así sueña con extenderla a toda España “hasta inundar las parroquias de apóstoles del Corazón de Jesús” (PyE, 242).

La confianza y familiaridad de don Manuel con el Corazón de Jesús no tiene límites. Con esta llaneza se expresa Mosén Sol:

“Todo lo ha de hacer el Corazón de Jesús, y El me lo hace todo, y más de lo que pido, en lo que es de su voluntad y agrado; y no sé por qué miseria he de ser tan miserable en no acudir más a Él, pues el día en que más mal me porto, más me humilla con sus bendiciones” (PyE, 300).

Para el Beato Manuel Domingo y Sol, la devoción al Corazón de Jesús es motivo no meramente sentimental, sino de justicia (Cf. Escritos, I, 1, 103). Si nos asomamos a su apostolado sobre el Corazón de Jesús, la vida de Mosén está jalonada de obras concretas de cara al pueblo, con un extenso itinerario en el espacio y en el tiempo.

Hay que recuperar el corazón como imagen y expresión del amor de Dios. Don Manuel lo expresa con toda claridad y precisión teológica: “El Corazón de Jesús no solo es señal, no solo es un símbolo de su amor para con nosotros, sino que también ha sido el conducto, el órgano principal de este mismo amor. Por eso, no nos extrañemos que él mismo haya querido ser honrado principalmente en su corazón” (Escritos, I, 1, 103).

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