Évora o la historia del reencuentro de los Operarios con Portugal

Évora o la historia del reencuentro de los Operarios con Portugal

El pasado mes de septiembre, se cumplieron 25 años de la llegada a Évora de los primeros sacerdotes de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, convocados por el Arzobispo Don Maurilio de Gouveia para hacerse cargo del Seminario de la Archidiócesis.

El beato Mosén Sol manifestó en más de una ocasión su preocupación por la situación religiosa en Portugal. En concreto, en un artículo publicado en El Congregante a finales de 1892, Don Manuel habla sobre la crisis vocacional en tierras lusas: “Allí no se ve el traje del religioso atraer las miradas puras de la juventud, que quizás Dios querrá para sí. Allí, con la falta de clero, languidece el culto, se apaga la lámpara del Sagrario y Dios se ausenta… ¡Pobre juventud, la juventud de Portugal!… ¡Bien merece la atención de los jóvenes españoles!… ¡Bien pagaría Dios lo que por ella se intentase!”.

La oportunidad de fundar en el país vecino surgió pocos años después, de la mano de Monseñor Antonio Vico. Este auditor de la Rota, con quien Mosén Sol se trataba a raíz de la fundación del Colegio Española en Roma, fue destinado a la Nunciatura de Lisboa. Una vez allí, propició un encuentro entre el patriarca de Lisboa, el cardenal Netto, y Don Manuel. Pese a las diferencias entre ambos, llegaron a un acuerdo para abrir un colegio de vocaciones en la capital portuguesa. El centro se instaló inicialmente en la quinta Farrobo para disgusto de Mosén Sol, aunque en octubre de 1896 se trasladó a un palacio contiguo a la residencia del cardenal. Sin embargo, los problemas no cesan. En 1901 varios grupos violentos atacan a los “paes espanholes” del colegio. La situación se hace insostenible y finalmente se abandona el proyecto.

Casi un siglo después, en 1995, la Hermandad vuelve a Portugal, concretamente a Évora. A petición del entonces Arzobispo D. Maurilio de Gouveia, la Hermandad llegó al Seminario de Évora en septiembre de aquel año. Los primeros operarios que se encargaron de la formación de los seminaristas en Évora fueron los padres Luis Ángel Arraz, primer rector, Luis Rubio y Carlos da Silva. Junto con el sacerdote diocesano Manuel Ferreira formaron el primer equipo. Después de tres años, el P. Carlos se hizo cargo del rectorado y después de una década fue reemplazado por el P. Vicente Nieto. El P. Vicente Hernández sucedió al P. Luis y el P. Manuel permaneció en el equipo todo ese tiempo. El año pasado el P. Luis Diego vino como nuevo rector, y el Padre Diocesano Fernando Lopes también se unió al equipo.

Hace unos años, el P. Luis Rubio escribió unas memorias sobre la primera etapa de los operarios en Évora, de la que fue testigo directo. El escrito tenía un título sugerente: ‘La Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos y Portugal. Segunda etapa. Notas y recuerdos para una historia nueva, de amor y re-encuentro’. En este texto, expresa: “Hubo varios antecedentes que, con absoluta certeza, influyeron en que el reencuentro fuera más «amoroso» que el que hizo sufrir a D. Manuel. Y que este reencuentro haya tenido lugar en una ciudad, Évora, la misma que el propio D. Manuel tuvo en la mente, y que él mismo consideraba más adecuada que aquella en la que, por influencia y presiones de personas e intereses con los que él no estaba totalmente de acuerdo, tuvo la desgracia de embarcarse sin mucho entusiasmo y no sin repugnancia. Y que el reencuentro haya sido precisamente en el campo de la formación sacerdotal, y en parte también en el de la pastoral de las vocaciones, el más específico y cultivado de la acción de la Hermandad en esos cien años de historia que separan ambas presencias”.

Por su parte, el P. Luis Ángel Arranz, primer rector operario del seminario, recuerda la dificultad de los primeros compases en Évora. Un reto afrontado con la mejor disposición posible: “Desde un principio intentamos acercarnos a todos: obispos, clero, seminaristas, familias… Visitamos en poco tiempo a todas las familias, incluso las que vivían lejos. Las tertulias con los seminaristas eran frecuentes; las conversaciones habituales, también con el director espiritual; la relación con los sacerdotes era buena; participábamos en los encuentros de arciprestazgo; yo pasaba la Semana Santa en unos pueblos perdidos; organizamos unas fèrias missionàrias (dos) en lugares alejados y marginados de la diócesis. Con los seminaristas íbamos por las parroquias rurales, participábamos de las eucaristías, estábamos en contacto con la gente, con el sacerdote. En otras ocasiones con algunas religiosas, pasábamos por las escuelas, dábamos catequesis…”.

En la actualidad, 20 seminaristas de diócesis portuguesas y de otros países se forman para el sacerdocio en el Seminario de Évora. El P. Luis Diego, Rector, y el P. Vicente Hernández, Director espiritual, quieren “dar gracias a Dios por estos 25 años de trabajo de la Hermandad de Sacerdotes Operarios en la Archidiócesis de Évora. También agradecemos a los Arzobispos Don Maurílio de Gouveia, Don José Alves y Don José Francisco Senra por la confianza que han depositado en nosotros y por el estímulo que nos han dado a lo largo de estos años. Lo mismo ocurre con los señores Obispos de las otras Diócesis que han estado enviando seminaristas al Seminario Mayor de Évora. Estamos también muy agradecidos a los Sacerdotes de la Diócesis de Évora por su acogida y su fraternidad, que nos hacen sentir verdaderamente diocesanos, como figura en nuestro título. Nuestra última palabra de gratitud es para nuestros queridos compañeros, los Padres Manuel y Fernando, para todos los seminaristas que pasaron por el Seminario, muchos de ellos ya sacerdotes, y de manera muy especial para los seminaristas actualmente en formación. Juntos formamos una ‘comunidad formativa que crece en el amor fraternal para la construcción de un mundo nuevo’”.

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