D. Ruderis Arístides Luna, ordenado diácono: «Quiero ser un verdadero discípulo de Nuestro Señor en el aprendizaje del servicio»

D. Ruderis Arístides Luna, ordenado diácono: «Quiero ser un verdadero discípulo de Nuestro Señor en el aprendizaje del servicio»

Ruderis Arístides Luna Hernández es un joven salvadoreño criado en una familia católica, formada por él, sus padres y tres hermanas. El pasado 21 de marzo, fue ordenado diácono y realizó su primera vinculación a la Hermandad en México. Hablamos con él para conocer más sobre su camino vocacional.

¿Cómo vivías la fe con tu familia?

Procedo de una familia católica. Mi mamá fue la principal cultivadora de mi fe. Para ello, comenzó inculcándonos el rezo del Santo Rosario todas las noches. Con ello aprendíamos las oraciones básicas para hacer la Primera Comunión. Mi papá fue predicador de la comunidad, pero eso fue cuando yo era bastante pequeño. Luego tuvo que viajar a Estados Unidos y fue mi mamá la encargada de cuidarnos en todos los aspectos. Otra persona que intervino bastante en con la enseñanza de la fe fue mi tía, hermana de mi papá. Ella me preparó para que hiciera la Primera Comunión. De este modo fue creciendo en mí ese amor a la Virgen María, a los Santos y también a nuestro Señor Jesucristo por medio de la lectura de la Palabra de Dios. Y este fue el ambiente donde se gestó mi fe. 

¿Qué te hizo plantearte tu vocación?

Desde muy pequeño, cuando mi mamá me llevaba a la Eucaristía, admiraba mucho al párroco. Incluso a mi mamá le expresé alguna vez “que quería ser como el párroco”. Luego, entre mis juegos de niño de dar catecismo fue creciendo en mi la inquietud por ser sacerdote. Esto se vislumbró más cuando allá por el año 2007 me pidieron ser catequista en la comunidad de San Francisco, donde residía en ese momento. El trabajo con los niños, los jóvenes y los adultos me ayudó a visualizar que era necesario prestar atención y escuchar a las personas; en pocas palabras, servir como Cristo. Esto me llevó a comprometerme más, a tomar responsabilidad e incluso hasta asistir a las convivencias vocacionales en el Seminario menor de mi diócesis en El Salvador. Allí se incrementó en mí ese deseo por buscar y descubrir para qué Dios me llamaba. Esto se vio concretado en el año 2013 cuando en Estados Unidos me dio acompañamiento un sacerdote Operario, D. Ovidio Pecharromán. Con el acompañamiento, descubrí que todo lo anterior era parte esencial para lo que Dios me estaba llamando, ser sacerdote.  

¿Qué has aprendido en tu etapa formativa?

Durante mi etapa formativa he aprendido muchas cosas, pero sobre todo a ser un hombre de servicio, de entrega y sin titubear a ser un hombre que camina hacia la santidad. En estas etapas aprendí que, si vamos a ser curas de almas, si vamos a estar al servicio de los demás, lo principal es irradiar primeramente nosotros esos pequeños destellos de santidad. Y esto no se hace con grandes cosas, sino con pequeñeces, comenzando por la gran virtud de la humildad, pero al mismo tiempo imitando a nuestro Señor Jesús que no vino a ser servido sino a servir.

¿Por qué la Hermandad?

Porque fue donde mi Madre la Iglesia me acogió con atención maternal. En ella vi toda la posibilidad de crecer en el camino de la santidad tan menciona por Don Manuel. En la Hermandad vi también la manera de poner al servicio las cualidades que Dios me ha regalado. Por eso la Hermandad es para mí la gran familia espiritual, en la cual voy creciendo poco a poco a la vez que me lleva a salir de mí mismo para ir hacia los demás.

¿Qué esperas de esta etapa del diaconado?

Para mi ordenación diaconal utilicé una frase corta, pero con mucho contenido: “Servir para santificarme”. Esta es la búsqueda de cada día: ser un verdadero discípulo de Nuestro Señor en el aprendizaje del servicio. Porque tengo presente que estamos para servir al pueblo de Dios y no para servirnos del pueblo o de quienes tenemos a nuestro cargo. Por eso digo que es mejor poco y avanzar a proponerse mucho y dejar de lado lo principal, que es la caridad para con todos.

¿Cómo crees que te sueña Dios como sacerdote?

Dios me sueña siendo un sacerdote disponible, a quien siempre tengan que encontrar cuando lo busquen. Él me sueña siendo santo a pesar de las fragilidades que bien conoce, pero me sueña poniendo todo mi empeño en ser virtuoso para alcanzar esa santidad.