Mosén Sol: «La devoción al Corazón de Jesús es propia de corazones generosos»

Mosén Sol: «La devoción al Corazón de Jesús es propia de corazones generosos»

Los nombres son importantes porque nos ayudan a describir y caracterizar la realidad. El Beato Manuel Domingo y Sol quiso que su obra llevara el nombre de Hermandad de Sacerdotes Operarios del Corazón de Jesús. En los Estatutos se afirma que el titular de la Hermandad es el Corazón de Jesús (art. 13), porque forma parte del «título», es decir, del nombre de la institución.

Esto quiere decir que la espiritualidad del Corazón de Jesús forma parte de la identidad de la Hermandad. Y no puede ser de otro modo, pues al mismo Mosén Sol le gustaba recodar a sus operarios que «Nuestra obra ha brotado del Corazón de Jesús sacramentado, silencioso, olvidado, desconocido, ultrajado».

¿Cómo entendía Mosén Sol la devoción al Corazón de Jesús? Estos tres textos nos pueden ayudar a conocer su pensamiento y su vivencia interior.

Por devoción al Corazón de Jesús entendemos una voluntad pronta y eficaz para agradecer el inmenso amor que Jesucristo nos ha manifestado en sus padecimientos y sobre todo en la institución de la Eucaristía, reparando, además, con nuestra piedad, amor y santas obras los ultrajes, afrentas y sacrilegios cometidos contra Jesús en el sacramento del altar, precisamente por aquellos mismos por cuyo amor quiso quedarse entre nosotros hasta la consumación de los siglos.

Es, pues, la devoción al Corazón de Jesús propia de corazones generosos, de verdaderos cristianos, de hijos agradecidos. ¿Quién, sino el que no tenga corazón, puede dejar de amar al que por él muere de amor, sufriendo los dolores las angustias de la muerte? ¿Cómo, pues, podíamos honrarnos con el nombre de cristianos, si no amáramos a quien murió de amor por nosotros y a quien por nosotros ve renovados los dolores de sus afrentas por la indiferencia, frialdad e irreverencia de las criaturas, puesto que, por no abandonarnos y dejarnos solos en este valle de miserias y ser nuestro perpetuo compañero, nuestro amigo, nuestra fortaleza y nuestra vida, sufre, es la causa de sus ultrajes y de sus penas? Es, pues, el amor de Jesús para con los hombres el objeto principal de esta devoción.

El mayor bien que el hombre puede alcanzar en este mundo es hacerse semejante a Jesús y adquirir esta familiaridad íntima, que forma la base de la verdadera felicidad; y siendo el amor el medio más propio y eficaz para asemejarse e identificarse con el objeto amado, claro está que debiendo ser nosotros semejantes a Jesús, nuestro modelo y ejemplar, la devoción a su sagrado Corazón, que es toda de amor e imitación, proporcionaría a nuestra alma el mayor de todos los bienes, porque el amor tiende a juntar los objetos amados y hacerlos semejantes.

 

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