Testimonio de Plácido Fernández por sus 50 años de sacerdocio

Testimonio de Plácido Fernández por sus 50 años de sacerdocio

“Soy sacerdote porque Dios quiere y sostiene mi fragilidad”

 

El operario Plácido Fernández cumplirá 50 años de sacerdocio el próximo 18 de septiembre. Sin embargo las celebraciones ya han comenzado con antelación, cosa normal, pues hay mucho por lo que dar gracias. El pasado día 9 de  junio, coincidiendo con la misa del final de las actividades parroquiales, D. Plácido festejó sus bodas de oro sacerdotales con toda la comunidad  de la Parrroquia de Ntra. Sra. de la Almudena de Zaragoza de la que es párroco desde hace tres años. [+info]. Y el próximo sábado  30 de junio, lo hará en Salamanca con sus condiscípulos y los operarios de la Delegación de España.

Plácido es un leonés andariego que durante estos 50 años de sacerdote ha trabajado en cuatro países: España, Argentina,  Perú y México.  Y ha dedicado la gran mayoría de estos años a la formación sacerdotal. Nos habla con honestidad de su sacerdocio recio y sin folklores añadidos, vivido  con luces y sombras, pero siempre sostenido por  Dios y por la oración de quienes rezan por él. En definitiva, 50 años de fidelidad echando las redes a la derecha.

 

¿Qué significa para tí celebrar 50 años de sacerdocio?

Humanamente hablando es una aceptación oficial de la ancianidad. Desde el lado sacerdotal un agradecimiento total por la misericordia y cercanía de Dios a pesar de mis muchas infidelidades.

¿Cómo surge tu inquietud por ser sacerdote?

Yo tenía en la familia dos religiosos y un sacerdote. Así que de pequeño fui encaminado al Aspirantado para ser como mi tío (el operario Plácido Fernández Aller). Al acabar el bachillerato vino el planteamiento serio de seguir o no adelante. Ayudado del director espiritual hice un largo discernimiento y no encontré razones suficientes para abandonar el camino emprendido y sí, razones para ofrecer mi vida al servicio de la Iglesia.

¿Qué recuerdos te quedan de tu época en el Aspirantado?

Muchos y buenos, tanto del Aspirantado menor como del mayor. Y queda un denominador común: una pasión de entrega total en lo que hacíamos, ya fuera estudiar, rezar o hacer deporte, que se hizo mucho y bueno.

¿Cómo viviste el día de tu ordenación sacerdotal?

De manera sencilla con la familia. Nos ordenamos Jesús Agustín y yo en los Capuchinos de León. A los dos días fue el Cantemisa en el pueblo, más acompañado y folklórico.

¿Qué ministerio has desempeñado como operario durante estos años?

De los 50 años, 45 dedicado a la formación sacerdotal y/o la pastoral vocacional en cuatro países distintos. El resto, en parroquia.

 ¿Por qué sigues siendo sacerdote 50 años después?

Porque Dios quiere y sostiene mi fragilidad y mucha gente reza al Dios Padre por mí.

Durante estos 50 años ¿cómo ha evolucionado tu manera de vivir el sacerdocio?

No sé si ha evolucionado o ha ido dando altibajos: luces y sombras. Pero fundamentalmente adaptándose a la evolución de la Iglesia y de la sociedad, intentando ser fiel al evangelio y a la cultura de cada país.

¿Qué significa para tí ser sacerdote operario?

Una manera de vivir la eclesialidad de comunión, la fraternidad que a veces tanto me cuesta. Y de seguir el proyecto del Beato Manuel Domingo y Sol para mejor servir los intereses de Dios y de la Iglesia

¿Cómo ha sido tu experiencia de fraternidad sacerdotal?

En general muy buena. Ha habido momentos difíciles. Peleas, estancamientos y otros momentos de complacencia y satisfacción.

Un mensaje para quien se pregunta por su vocación…

Dejarse acompañar para hacer discernimiento y después lanzarse a la piscina. Se aprende a nadar, nadando.

Un pasaje bíblico: Jn 21, 6 “Echad de nuevo las redes a la derecha”.

Un libro: El Gran Reformador, de Austen Ivereigh.

Una película: La vida es bella.

Un personaje: Teresa de Jesús.

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