Entrevista a Pablo Marco por sus 50 años de sacerdote

Entrevista a Pablo Marco por sus 50 años de sacerdote

“Sigo pensando, como el primer día, que el Señor me llama”

 

Pablo Marco cumplió sus 50 años de sacerdote el pasado 24 de marzo. La celebración de sus bodas de oro sacerdotales constituye para él una ocasión estupenda para dar gracias a Dios, porque ha experimentado que devuelve el ciento por uno.

Este soriano de Valderrodilla entró en el Aspirantado de la Hermandad al terminar Filosofía. Pero no fue un gran impedimento para “hacerse operario”. Realmente Pablo encarna aquel deseo que expresó el Beato Mosén Sol, Fundador de la Hermandad: “Que no se Diga de un Operario que pudo hacer un bien y no lo hizo”. Porque Pablo ha sido profesor de colegio, vicario parroquial, formador y rector de seminaristas, vicario episcopal y delegado del clero, director espiritual y director de una residencia sacerdotal.

Esto sólo es posible con un espíritu disponible y obediente. Su secreto está en saber adaptarse. Cambian las tareas, pero el ser sacerdotal permanece. Siempre se ha sentido llamado por el Señor allí donde le han enviado.

 

¿Qué significa celebrar los 50 años de sacerdocio?

Una gran alegría por las tareas realizadas y por las gentes a las que he ido conociendo y queriendo y con las que me he sentido querido. Ciertamente el Señor devuelve el ciento por uno. Es una ocasión estupenda para dar gracias al Señor.

¿Cómo surge tu inquietud por el sacerdocio?

Siendo monaguillo desde los siete años que hice la primera comunión. El sacerdote del pueblo propuso a mis padres llevar al Seminario a mi hermano que empezó haciendo el curso preparatorio. Cuando me tocaba ir a mí al año siguiente suprimieron este curso y me llevé un berrinche por tener que esperar un año más. Con once años ingresé en el Seminario de Valladolid junto con otros tres monaguillos del pueblo para hacer primero de latín. Los años de latín pasaron felizmente sin más preocupaciones que los estudios y el fútbol. Me gustaba mucho jugar y lo prefería a las salidas de paseo con sotana fajín y bonete. En filosofía empezó ya el hormigueo ese de ser cura y cómo. Y al acabar la filosofía es cuando decidí venir a estudiar la teología con la Hermandad.

¿Qué recuerdos tienes de la época en el Aspirantado?

Me costó la adaptación pues tuve que estar durante tres años cambiando de lugar y de compañeros. Era toda la ebullición por el cambio al acabar el Concilio. Ganas de ponerse al día y actualizarse fuera de las clases que recibíamos: los veranos con las experiencias de salidas a Europa al movimiento eclesial Ruta Pax Cristi en Alemania y Holanda, encuentros en Taizè… todo esto promocionado por Ramón Sans Vila.

Los ratos de oración personal y las celebraciones comunitarias. Las fiestas de Hermandad. Las tertulias nocturnas con los compañeros para estudiar y para compartir las cosas que nos llegaban de casa.

¿Cómo fue el día de tu ordenación sacerdotal?

Fue un 24 de marzo en el año 1968. Después vino el famoso Mayo. Una alegría y gozo inenarrable al mismo tiempo que un cierto temor de si sería capaz de responder a las tareas que me esperaban. Fue una gozada con mis padres y mis hermanos. Y con todos los compañeros, los que nos ordenamos y los que no lo hicieron.

¿Qué ministerios has desempeñado en estos cincuenta años?

Los once primeros años como docente en el colegio Maestro Ávila (tutor, profesor, director) en la época de implantación de EGB, BUP y COU. Mi segundo destino fue la parroquia de Zaragoza, la Almudena, donde D. Higinio me fue introduciendo en las labores pastorales junto con Paco Ruiz. Fueron unos años estupendos de integración con los curas de la vicaría tercera con D. Carlos Salazar como vicario episcopal de la zona.

Cuatro años después me enviaron al Seminario de Valladolid. Los cuatro primeros cursos como formador y luego, nueve cursos, como Rector de pequeños y mayores. Al dejar la Hermandad el Seminario seguí en la diócesis de Valladolid como párroco de las Quintanillas y Padilla, siendo vicario episcopal y delegado del Clero.

Una vez que ya no podía seguir con mi madre en el pueblo, me propusieron venir al Convictorio sacerdotal en Salamanca. Y cuando este se cerró me ofrecieron saltar el Atlántico con destino a Cuba y casi en el vuelo me desviaron para México donde estuve como director espiritual 4 años en el Aspirantado.

Últimamente estoy como director de la residencia de Salamanca y vicario de la parroquia de San Pablo.

¿Por qué sigues siendo como sacerdote?

Porque sigo pensando como el primer día que es ahí donde el Señor me llama y estoy dispuesto a seguir hasta que Él quiera.

¿Cómo ha evolucionado tu manera de vivir el sacerdocio?

Adaptándome a cada una de las tareas que se me han ido encomendando donde lo que cambia es la tarea, el trabajo y los accidentes. Sin embargo, el ser sacerdotal se mantiene igual en cualquier situación, tratando siempre de servir allí donde estás.

¿Qué significa ser sacerdote operario?

Lo que descubrí desde el principio cuando decidí ser sacerdote en la Hermandad, que es lo que D. Manuel decía y lo que recogen los Estatutos: ”una asociación de sacerdotes seculares cuyos miembros se unen con el vínculo de la caridad y de una dirección común……”

¿Cuál es tu experiencia de fraternidad?

En mi recorrido por los diversos campos por los que he pasado han sido distintas las formas y los modos de vivirla. En todo lugar me he sentido como hermano de los que estaban a mi lado y hermano de los que estaban en otros campos. En general puedo decir que mi experiencia ha sido muy positiva en cuanto a la fraternidad, es decir vivir en Hermandad.

Un mensaje para quien se pregunta por su vocación:

Busca y discierne qué es lo que El Señor tiene dispuesto para ti

Mi pasaje bíblico favorito: Lucas 15, 11-32, el hijo pródigo.

Un libro: La Biblia y el Quijote

Una película: La vida es bella

Un Personaje: Jesús de Nazaret

Cantemisa de Pablo Marco Medel

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