«Dos operarios de celo» que fueron a santificar Almería encontraron allí el martirio

«Dos operarios de celo» que fueron a santificar Almería encontraron allí el martirio

La Iglesia ha reconocido como mártires a los operarios D. Agustín Sabater y D. Ángel Alonso. ¿Pero qué es un mártir? Es preciso distinguir entre los caídos de la guerra civil y los mártires de la persecución religiosa por odio a la fe. Aquellos murieron defendiendo sus ideas y tomando parte directa en el conflicto. Los mártires, en cambio, para ser reconocidos como tales por la Iglesia, tienen que haber padecido la muerte por amor a Cristo y al Evangelio. Es decir, los mártires no han tomado parte en la confrontación violenta de los bandos enfrentados, sino que han sido víctimas de la violencia ejercida contra ellos a causa de su fe.

¿Cómo fue el martirio de D. Agustín y D. Ángel? Al estallar la Guerra civil en España los operarios del Seminario de Almería sabían que corrían peligro y que era necesario ocultarse. Antes de abandonar el Seminario D. Agustín Sabater se dirigió a la capilla para consumir la Eucaristía y evitar que fuera profanada. Después, se separaron para esconderse. D. Agustín buscó refugio en la casa de uno de los proveedores del seminario y D. Ángel, primero en la casa de la tía de un seminarista, y después, en un cortijo no muy lejos de Almería. Era el 21 de julio de 1936.

El escondite no les duró mucho tiempo. Al día siguiente, a D. Agustín lo denunció el cocinero del Seminario, a pesar de haber sido ayudado por él en numerables ocasiones. D. Ángel, por su parte, fue capturado el día 23. Cada uno fue pasando por distintas prisiones de la ciudad hasta que se encontraron en el barco Astoy Mendi. Allí tuvieron tiempo para confesarse mutuamente y darse ánimos para aguantar el trato inhumano que estaban sufriendo.

La madrugada del 29 al 30 de agosto, D. Ángel salió junto con otros prisioneros hacia el Barranco del Chisme de Vícar. Allí los mataron. Quienes los asesinaron hicieron una hoguera con los cadáveres tras rociarlos con gasolina. Por ello no pudieron ser identificados.

La noche siguiente, D. Agustín fue sacado del barco junto con otros veinticuatro presos. Los llevaron al lugar llamado Pozo La Lagarta de Tabernas. Allí había un pozo seco, de unos 40 metros de profundidad. A los presos, según iban llegando junto al pozo uno a uno, les daban un tiro en el pecho o en la cabeza y los tiraban dentro. Luego los cubrieron de piedras y cal.

Tanto a D. Agustín como a D. Ángel les acompañó la fama de martirio, porque fueron asesinados simplemente por ser sacerdotes.

El Beato Manuel Domingo y Sol, fundador de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, escribió en 1884 una carta, en la que decía:

“¡Qué diócesis la de Almería para hacer el bien! Vea, por Jesús, si encontramos un par de Operarios de celo, que vayan a santificar aquella población y aquella diócesis tan falta de personal para atender a sus más urgentes e importantes necesidades”.

Para la Hermandad, esta historia se transforma en historia de salvación porque “dos operarios de celo” que fueron a santificar Almería encontraron allí el martirio.

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