Crónica de la ceremonia de Beatificación de Mosén Sol

Crónica de la ceremonia de Beatificación de Mosén Sol

 

Hace 30 años, un 29 de marzo de 1987, Manuel Domingo y Sol fue declarado Beato por Juan Pablo II. Releer la crónica de aquella celebración inolvidable, nos puede ayudar a revivir los sentimientos y la emoción de quienes participaron.

 

Presidida por el Papa Juan Pablo II, a las nueve y media de la mañana comenzó la celebración de la Eucaristía, dentro de la cual procedió a la declaración de Beatos de las tres Carmelitas mártires de Guadalajara, del Cardenal Marcelo Spínola y de nuestro Don Manuel.

Un precioso libro preparado por los Postuladores e ilustrado con imágenes de los nuevos Beatos y obras de El Greco, Murillo, Juanes y Velázquez permitió participar activamente a un público fundamentalmente español que, desde mucho tiempo antes de comenzar la ceremonia, fue llenando hasta rebosar las naves y el crucero de la grandiosa Basílica.

Cuando la iluminación anunció la entrada del Papa y mientras duró la procesión nos desbordamos en aplausos. Pero en el momento mismo en que la liturgia dio comienzo la participación fue intensamente religiosa.

Por primera vez en una Beatificación, y a petición de la Hermandad, concelebramos con el Papa seiscientos Padres entre Cardenales, Obispos y Sacerdotes, mientras otros Prelados de la Curia y el Nuncio tomaban parte desde el lugar destinado a la Capilla Papal y el Sustituto lo hacía a la cabeza de la tribuna del Cuerpo Diplomático.

Junto a los Obispos, concelebraron el Padre General de los Carmelitas Descalzos y el Director General de la Hermandad.

Elemento esencial que motivó y realzó la liturgia fue la música. El coro, dirigido por el maestro Pablo Colino, supo hacer participar a toda la asamblea, que respondió incorporándose de inmediato, ya que a la polifonía acertaron a unir piezas gregorianas y otras en castellano conocidas de todos los asistentes.

El rito de la Beatificación tuvo lugar una vez terminado el canto del Kyrie. Solicitada la Beatificación de todos por el Obispo de Guadalajara, el de Tortosa hace una breve semblanza de Don Manuel y el Papa procede a la Beatificación:

«Nos, acogiendo los deseos de nuestros hermanos… , con nuestra autoridad apostólica, declaramos que los Venerables Siervos de Dios … y Manuel Domingo y Sol de ahora en adelante puedan ser llamados Beatos, y se podrá celebrar su fiesta en los lugares y en el modo establecido por el Derecho … En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.»

La asamblea entona el Amén mientras se descubren los lienzos de los nuevos Beatos, y se llena la Basílica de aplausos y los ojos de muchos Operarios de lágrimas de emoción y de alegría.

Continúa la liturgia de la Palabra, que se cierra con la preciosa homilía del Papa, en la que después de un breve comentario a los textos del día engarza sus pensamientos referidos al martirio de las Religiosas, al testimonio de la vida del Cardenal Spínola, dedicando la tercera parte a glosar la figura y la obra del «Santo Apóstol de las Vocaciones».

Terminada la homilía, la asamblea rompe nuevamente en aplausos, recuperando su respetuoso silencio en el momento en que el Papa se incorpora y entona el Credo. Coro y asamblea lo interpretamos en gregoriano. Sigue la oración de los fieles y las ofrendas.

Por parte de la Causa del ya Beato Manuel Domingo y Sol se ofrecen:

  • Ánfora de aceite: como fruto de la tierra tortosina y en recuerdo de la unción de los sacerdotes; la presenta un matrimonio de Tortosa, familiares de Mosén Sol.
  • Una orquídea: flor natural de Venezuela, por ser allí donde se realizó el milagro presentado para la Beatificación; preciosa joya en oro que presentan dos señoras de Caracas.
  • Revista Seminarios y Vida del Apóstol de las Vocaciones: expresan el carisma de la Hermandad y las presentan dos Operarios miembros del Consejo Central.

 

Momento emocionante de la Misa es cuando, por primera vez, escuchamos el nombre de Manuel dentro del Canon junto a los Mártires, los Apóstoles y todos los Santos.

Treinta personas por cada una de las causas reciben la Comunión de manos del Santo Padre, mientras un centenar de sacerdotes y diáconos la hacen llegar a todos los rincones de la grandiosa Basílica. El coro nos trae las notas del Cantemos al Amor de los Amores, del Oh luz de nuestras almas y del De rodillas, Señor, ante el Sagrario…

Termina la celebración de la liturgia con la Bendición del Papa y el canto de la Salve a la Virgen en gregoriano. Larga procesión de Sacerdotes, Obispos y Juan Pablo II recorriendo la nave central entre la aclamación de los fieles, que en ningún momento perdieron su compostura.

Crónica publicada en Hermandad n. 361 (diciembre 1987)

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