«sed de Dios»

 


si alguien tiene sed,

  que venga a mí

 (Jn 7, 37)

 

 

* SALUDO

 

Celebrante: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén

 

Celebrante: El Dios que se ofrece gratuitamente como «agua viva» para saciar la sed de plenitud y de sentido que tiene todo ser humano esté con todos vosotros.

Todos: Y con tu espíritu.

 

 

* AMBIENTACIÓN

 

¡La humanidad sigue teniendo sed…! Los jóvenes también. Muchos, por desgracia, tienen sed de agua potable. Otros de justicia y de amor. La mayoría sienten que el agua edulcorada o gasificada que la sociedad de consumo les ofrece les deja más sedientos, si cabe todavía. Todos, aunque lo ignoren o lo nieguen, tienen sed de Dios. Tienen necesidad de sentido y de plenitud en sus vidas. 

Os invito a pedirle al Señor en este encuentro que siga regalando a su Iglesia los «zahorís» (sacerdotes operarios diocesanos) necesarios que ayuden a la humanidad a descubrir el manantial de agua subterráneo que se halla oculto en  el corazón de cada persona.

 

 

* PALABRA DE DIOS

 

Lector: Lectura del evangelio según San Juan  (Jn 4, 5–42) 

 

«En aquel tiempo, Jesús fue a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del viaje, se sentó junto al pozo. Era como la hora sexta. Llegó una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo:

– Dame de beber  ―pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos―.

La mujer samaritana le dijo:

–¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? ―porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí―.

 Respondió Jesús y le dijo:

 –Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "dame de beber", tú le pedirías, y él te daría agua viva.

 La mujer le dijo:

 –Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?

 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?

 Jesús le contestó:

 –Cualquiera que beba de esta agua volverá a tener sed;  pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

 La mujer le dijo:

 –Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed ni venga aquí a sacarla.

 Jesús le dijo:

 –Ve, llama a tu marido, y ven acá.

 Respondió la mujer y dijo:

 –No tengo marido.

 Jesús le dijo:

 –Bien has dicho: "no tengo marido",  porque cinco maridos has tenido y el que ahora tienes no es tu marido. Esto has dicho con verdad.

 Le dijo la mujer:

 –Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, pero vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.

 Jesús le dijo:

 –Mujer, créeme que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.

 Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos, porque la salvación viene de los judíos.

 Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque también el Padre tales adoradores busca que lo adoren.

Dios es Espíritu, y los que lo adoran, en espíritu y en verdad es necesario que lo adoren.

Le dijo la mujer:

–Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas.

Jesús le dijo:

–Yo soy, el que habla contigo.

En esto llegaron sus discípulos y se asombraron de que hablara con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: «¿qué preguntas?» o «¿qué hablas con ella?»

Entonces la mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad y dijo a los hombres:

–Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?

Entonces salieron de la ciudad y vinieron a él.

Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo:

–Rabí, come.

Él les dijo:

–Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.

Entonces los discípulos se decían entre sí:

–¿Le habrá traído alguien de comer?

Jesús les dijo:

–Mi comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra.

¿No decís vosotros: "aún faltan cuatro meses para que llegue la siega"? Yo os digo: alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.

Y el que siega recibe salario y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra se goce juntamente con el que siega.

En esto es verdadero el dicho: "uno es el que siembra y otro es el que siega".

Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron y vosotros habéis entrado en sus labores.

Muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: «me dijo todo lo que he hecho».

Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días.

Muchos más creyeron por la palabra de él,

y decían a la mujer:

–Ya no creemos solamente por lo que has dicho, pues nosotros mismos hemos oído y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo.

 

Palabra de Dios

 

 

* SALMO 41

 

Todos llevamos impresos en el «alma» el anhelo de eternidad y de trascendencia que nos impulsa ―aun inconscientemente― a la búsqueda de Dios por los caminos más insospechados… Sólo quien descubre «qué bueno es el Señor» experimenta  en lo más profundo de sí la fuente inagotable de vida y de plenitud.

 

Todos  Como busca la cierva

corrientes de agua,

así mi alma te busca

a ti, Dios mío.

 

Coro 1 Como busca la cierva

corrientes de agua,

así mi alma te busca

a ti, Dios mío;

 

Coro 2 tiene sed de Dios,

del Dios vivo:

¿cuándo entraré a ver

el rostro de Dios?

 

Coro 1 Las lágrimas son mi pan

noche y día,

mientras todo el día me repiten:

«¿Dónde está tu Dios?».

 

Coro 2 Recuerdo otros tiempos,

y desahogo mi alma conmigo:

cómo marchaba a la cabeza del grupo,

hacia la casa de Dios,

entre cantos de júbilo y alabanza,

en el bullicio de la fiesta.

 

Coro 1 ¿Por qué te acongojas, alma mía,

por qué te me turbas?

Espera en Dios, que volverás a alabarlo:

«Salud de mi rostro, Dios mío».

 

Coro 2 Cuando mi alma se acongoja,

te recuerdo

desde el Jordán y el Hermón

y el Monte Menor.

 

Coro 1 Una sima grita a otra sima

con voz de cascadas:

tus torrentes y tus olas

me han arrollado.

 

Coro 2 De día el Señor

me hará misericordia,

de noche cantaré la alabanza

del Dios de mi vida.

 

Coro 1 Diré a Dios: «Roca mía,

¿por qué me olvidas?

¿por qué voy andando, sombrío,

hostigado por mi enemigo?».

 

Coro 2 Se me rompen los huesos

por las burlas del adversario;

todo el día me preguntan:

«¿Dónde está tu Dios».

 

Coro 1 ¿Por qué te acongojas, alma mía,

por qué te me turbas?

Espera en Dios, que volverás a alabarlo:

«Salud de mi rostro, Dios mío»

 

Coro 2 Gloria al Padre …

 

Coro 1 como era …

 

Todos  Como busca la cierva

corrientes de agua,

así mi alma te busca

a ti, Dios mío.

 

 

* MOTIVACIÓN

 

Desde la confianza absoluta en aquellas palabras del Señor que nos garantizan que «de lo más profundo de todo aquél que crea en mí  brotarán ríos de agua viva» (Jn 7, 38), os comparto esta historia que escribí tratando de evocar la hermosa y privilegiada vocación a la que hemos sido llamados los sacerdotes operarios diocesanos:

 

 

 «la ciudad que se quedó sin agua»

Radiestesia

 «Hace muchos años, una gran ciudad se estaba quedan­do sin agua. Las autoridades, conscientes de la gravedad del problema, limpiaron los cauces de los ríos y cons­truyeron pantanos. A medida que pasaba el tiempo el caudal resultó insuficiente. No hubo más reme­dio que restringir el agua unas horas al día. Después tan sólo per­mitían utilizarla para la limpieza, el aseo o el consumo doméstico. Los más astutos trataron de aprovecharse y comercializaron el agua del mar. Lo intentaron todo: desalarla, edulcorarla, gasificarla… Pero fue inútil. No podían utilizarla para regar porque esterilizaba la tierra. Tampoco podían utilizarla para el aseo porque producía en el cuerpo picores extraños. Quienes la bebían, no lograban apagar su sed. La situación resultaba insostenible. La miseria, la suciedad y la deshi­dratación de sus habitantes hacían presagiar lo peor. Un buen día apareció por el pueblo un extraño señor que recorría con un péndulo en la mano los campos yermos de aquella ciudad y en alguno de ellos dejaba pintada una señal… Ninguno de los vecinos acertó a descifrar su paso misterioso hasta que algunos se arriesgaron a excavar donde había dejado una señal y descubrieron agua potable que provenía paradójicamente de un mismo y único manantial. Sólo entonces comprendieron que el zahorí fue un verdadero regalo del cielo».

 

 

* VOZ DEL AGUA

                                             

Voz del agua en catarata.

Voz del viento en huracán.

Voz del arroyo en murmullo.

Voz del agua al suspirar.

 

Voz del mar. Voz de los cielos

en concierto sideral.

Todas las voces que dicen

que calles para escuchar

 

otra voz que no es la tuya,

que viene del más allá

del sonido y del silencio,

del decir y del callar.

 

(José Bargamín, poemas para orar, BAC 2004)

 

 

* SÚPLICAS

 

Sacerdote: Padre de bondad, que a cada uno nos has regalado la vida y nos has llamado por el nombre; que nos has llamado a ser tus hijos y a crecer en tu amistad; que nos has invitado a compartir tu misma felicidad y a colaborar contigo…

 

- Regálanos educadores, filósofos, historiadores y artistas (literatos, pintores, músicos…) que sepan plasmar y transmitir con belleza una imagen integral del hombre…

 

R/ que instauren tu Reino en el mundo.

 

- Regálanos ingenieros y arquitectos que pongan la técnica al servicio de la felicidad de las familias y de las comunidades...

 

R/ que instauren tu Reino en el mundo.

 

- Regálanos contables y economistas, administradores y directores de empresas cuyo valor máximo no sea el dinero sino la dignidad de las personas...

 

R/ que instauren tu Reino en el mundo.

 

- Regálanos políticos, diplomáticos y militares que busquen la paz y el progreso de todos...

 

R/ que instauren tu Reino en el mundo.

 

- Regálanos médicos, bioquímicos, farmacéuticos que colaboren con el Creador conservando la vida y preservando la salud de sus hermanos sin sentido mercantilista...

 

R/ que instauren tu Reino en el mundo.

 

- Regálanos vocaciones de servicio al hombre sufriente y marginado: asistentes sociales, auxiliares de la medicina, rehabilitadores que vean el rostro de los que sufren y en los más necesitados la imagen de Cristo y les proporcionen una mayor dignidad humana...

 

R/ que instauren tu Reino en el mundo.

 

- Regálanos ingenieros agrónomos y técnicos de la industria para que sepan planificar y explotar los recursos de la tierra racionalmente y en bien de todos...

 

R/ que instauren tu Reino en el mundo.

 

- Regálanos abogados, jueces y notarios que interpreten correctamente la ley y defiendan la justicia...

 

R/ que instauren tu Reino en el mundo.

 

- Regálanos, ante la necesidad de Dios que hoy tiene el hombre, sacerdotes, religiosos y religiosas, misioneros y misioneras, laicos consagrados, que extiendan la buena noticia a todas las gentes...

 

R/ que instauren tu Reino en el mundo.

 

Sacerdote: Acoge Dios de bondad las súplicas que hoy te dirigimos. Cuenta con nuestra humilde colaboración si en algo te somos útiles para que se haga realidad tu sueño de salvación. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

* PADRE NUESTRO

 

 

* ORACIÓN

 

Oh Dios, Padre bueno,

dueño de la mies,

escucha la oración de tus hijos.

Concédenos abundantes vocaciones

sacerdotales, religiosas y laicales,

garantía de vitalidad

para el porvenir de tu Iglesia.

Haz que los sacerdotes, religios@s y laic@s

sean testimonio de fraternidad

por su total entrega a Ti y a los hermanos.

Suscita vocaciones para la Hermandad

de Sacerdotes Operarios Diocesanos

para que llamen y acompañen

a otros muchos en su camino vocacional.

Danos sabiduría

para descubrir tu llamada,

y generosidad para seguirla con prontitud.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

 

 

 

 

Salamanca, 18 de abril de 2006

 

 

Persona a quien se atribuye la facultad de ver lo que está oculto, incluso debajo de la tierra: antiguamente, un zahorí nos indicaba dónde se podía cavar un pozo.

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