SSaludo
 

 

Beato Manuel Domingo y Sol

 

 

 


 

 

 

«santo apóstol de las vocaciones sacerdotales»

 

 

 

 

 

Saludo

Celebrante: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén 

Celebrante: El Señor, que en Cristo nos ha bendecido con toda clase de bienes espirituales y celestiales, esté con todos vosotros (Ef 1,3).

Todos: Y con tu espíritu.

 

Motivación 

Dios Padre nos regala todo su amor en Jesucristo. Él es nuestro gran regalo. Del corazón de los creyentes de todos los tiempos brota la bendición y la alabanza al hacer este supremo descubrimiento. 

Y en Cristo Dios nos da todas las cosas. Nos dio a don Manuel y nos dio a la Hermandad, o mejor, se la dio como regalo a la Iglesia, para la salvación de los hombres. 

Hoy queremos hacernos conscientes de este regalo, agradecerlo al Señor y ofrecerlo de nuevo a la Iglesia. Sabiéndonos regalados, regalarnos con alegría. 

Exposición del Santísimo 

Canto apropiado

Lectura bíblica 

Los apóstoles no pueden callarse lo que han visto y oído.

Lector: Lectura de la primera carta del apóstol San Juan (1 Jn 1, 1-4) 

Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han tocado nuestras manos acerca de la palabra de la vida, -pues la vida se manifestó y nosotros la hemos visto y damos testimonio, y os anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó-, lo que hemos visto y oído os lo anunciamos para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo.

Himno (Ef 1, 3-12) 

Con Pablo y con todos los cristianos que han vislumbrado el don que Dios nos hace en Cristo, alzamos nuestra voz.

 

 


 

Bendito sea Dios,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que desde lo alto del cielo

nos ha bendecido por medio de Cristo

con toda clase de bienes espirituales.

 

Él nos elegió en Cristo

antes de la creación del mundo,

para que fuéramos su pueblo

y nos mantuviéramos

sin mancha en su presencia.

 

Llevado de su amor,

Él nos destinó de antemano,

conforme al beneplácito de su voluntad,

a ser adoptados como hijos suyos

por medio de Jesucristo,

para que la gracia

que derramó sobre nosotros,

por medio de su Hijo querido,

se convierta en himno de alabanza a su gloria.

 

Con su muerte, el Hijo

nos ha obtenido la redención

y el perdón de los pecados,

en virtud de la riqueza de su gracia

que Dios derramó

abundantemente sobre nosotros

en un alarde de su sabiduría e inteligencia.

 

Él nos ha dado a conocer

sus planes más secretos,

lo que había decidido

realizar en Cristo,

llevando la historia a su plenitud

al constituir a Cristo

en cabeza de todas las cosas,

las del cielo y las de la tierra.

 

En ese mismo Cristo

también nosotros hemos sido elegidos

y destinados de antemano,

según el designio de quien todo lo hace

conforme al deseo de su voluntad.

 

Así nosotros, los que tenemos puesta

nuestra esperanza en Cristo,

seremos un himno

de alabanza a su gloria.

 

Textos diversos 

Se invita a orar personalmente a través de la lectura de algunos de estos textos

- Inspiración 

Don Manuel deja escrito en su diario el momento mismo de la concepción de la Hermandad de Sacerdotes Operarios. Años más tarde, para el proceso de beatificación del Fundador, don Juan Bautista Calatayud evoca y testifica acerca del carácter divino de la inspiración de dicha Obra.

 

“Enero. Día 29 - 30. Concepción de la Obra de Operarios Diocesanos para el fomento de vocaciones eclesiásticas y sostenimiento. Fue después de la misa en la acción de gracias en Santa Clara, en Tortosa, el 29. El 30 se completó la idea y la organización, que se escribió en un papel” (Escritos IV, 5º, 42).

 

 

 


“En el orden sobrenatural el origen de nuestra congregación tuvo un principio eminentemente extraordinario. El día 29 de enero de 1883, estando el Siervo de Dios en la iglesia del convento de Santa Clara dando gracias a Dios después de celebrada la santa misa, tuvo una inspiración del cielo de fundar la congregación de los Operarios Diocesanos, y al día siguiente, 30 de enero, en el mismo lugar, vio con claridad toda la extensión que podía tener su obra.

 El Siervo de Dios que ordinariamente atribuía las iniciativas y el resultado de sus obras a las gracias ordinarias de Dios y a las amabilidades del Sagrado Corazón de Jesús rarísimas veces muestra haber recibido gracias extraordinarias o favores especialísimos. Por esto es bien de notar que el Siervo de Dios ponga por escrito, de modo tan explícito, esta inspiración de lo alto...” (PO, declarac. de don Juan Bautista Calatayud, f. 140r).

- Naturaleza y fin

Don Manuel nos refiere el origen, la naturaleza y fin de la Obra.

“Y el Señor, sin merecerlo, sin advertirlo nosotros casi, sin pensarlo ni poderlo prever, descorrió la cortina y nos presentó un bello panorama, y nos mostró un campo vastísimo, de facilísimo cultivo, de resultados indudables, campo en el cual, y con una vida puramente sacerdotal, pudiéramos impulsar, coadunados, todos los intereses de su máxima gloria, que nuestra piadosa imaginación y nuestro ardiente [celo] pudiera soñar jamás.

(...) Y, por esto, nada ni nadie la ha fundado. Existía ya, y Jesús, sin saber cómo, nos ha puesto en ella dándole organización por medio de nuestro objeto singularísimo y único hasta hoy en el mundo, del fomento de vocaciones eclesiásticas, religiosas y apostólicas.

El espíritu, pues, de nuestra unión sacerdotal para la más fácil santificación y para promover mejor los intereses todos de Jesús, es el fin y la naturaleza de la obra” (Escritos I, 5º, 21-22).

 

- Ciento veinticinco años después, la Iglesia sigue confiando y esperando mucho de nosotros


Carta escrita por Juan Pablo II el 25 de enero de 1983 al cumplirse el I Centenario de la Fundación de la Hermandad.

 

A los queridos Sacerdotes Operarios Diocesanos:

Al cumplirse el primer centenario de vida de vuestro Instituto, me es sumamente grato dirigiros esta carta con el fin de colmar vuestra alegría interior, de la que quiero hacerme partícipe, y a la vez enviaros un afectuoso saludo de paz y de benevolencia en el Señor.

Mi sincero deseo es también estar espiritualmente unido en el canto de alabanza que eleváis a Dios desde lo hondo del corazón, donde seguramente se hace ahora más intensa y perceptible su presencia continua que os llama y confiere su gracia, a cada uno en particular y a todos en unión, a medida del don de Cristo (Cfr. Ef 4, 7). Favor de Dios y don de su Hijo, que sin duda fueron dispensados en abundancia a vuestro querido fundador, el venerable don Manuel Domingo y Sol, para que fuera en el seno de la Iglesia germen de una nueva familia de sacerdotes, profundamente imbuidos de espíritu evangélico y volcados con incondicional entrega al servicio de los hombres en distintos y variados campos de apostolado.

Siendo fiel a la llamada de Cristo y dócil a las insinuaciones del Espíritu, don Manuel supo no sólo indicaros pautas adecuadas para conseguir la perfección mediante la ascesis personal, sino también daros con su conducta ejemplar y sus escritos la clave para configurar realmente la existencia sacerdotal a medida del don de Cristo. A pesar de que los años que vieron el alba de vuestro Instituto no estaban exentos de fuertes tensiones en amplios sectores de la sociedad española, no obstante don Manuel halló sosiego confortador para su espíritu en la meditación asidua de la palabra divina y en el diálogo, traducido en vivencia personal, con Cristo que se ofrece y sacrifica por los hombres en la Eucaristía.

A la luz de esta frecuencia de trato y de experiencia cotidiana con el corazón del Redentor, sigue conservando aún hoy día originalidad e identidad propia la iniciativa de dar vida a una Hermandad cuyos compromisos apostólicos se orientan precisamente al fomento y a la formación de las vocaciones sacerdotales, es decir, de los elegidos en la Iglesia para anunciar el evangelio y celebrar la Eucaristía: “la formación del clero ¾dejó escrito vuestro Fundador¾ es lo que podríamos decir la llave de la cosecha en todos los campos de la gloria de Dios” (Escritos I, 5º, 52).

La Hermandad ha seguido estas huellas, considerando primaria la dedicación al sostenimiento y cuidado de los candidatos al sacerdocio. Bajo el impulso del Concilio Vaticano II ha extendido su acción al campo de los vocaciones laicales y, a tal fin, se ha abierto a la formación de los jóvenes y al apostolado familiar, sobre todo en tierras de América, y ha llevado la realización de su carisma a tierras africanas.

En esta época, en la que lamentablemente se acusa escasez de vocaciones, el venerable Domingo y Sol es un ejemplo para todos sus hijos, que como él deben tener en el fomento de las mismas su gozo y su corona.

Amadísimos sacerdotes: la celebración de este centenario ha de constituir un aldabonazo a mantener fielmente vuestra identidad ministerial, en beneficio de los hombres, de la Iglesia entera. Es posible que en el mundo rumoroso de nuestro tiempo no sea tan perceptible la llamada divina que se hace oír en el sosiego interior del espíritu. Será cometido vuestro por excelencia enseñar a discernir la voz de Dios en el silencio de la oración e ir mostrando, en sintonía con la constante escucha de la palabra de Dios, las inagotables riquezas de sabiduría y de amor que el corazón de Cristo Redentor reserva a sus discípulos.

Aceptad este compromiso como un desafío del querer de Dios en consonancia con la necesidad de ministros, hoy día tan sentida, en la Iglesia, Pueblo suyo. Sería decir poco que se espera mucho de vosotros, de vuestra fidelidad a los dones recibidos, de la experiencia madura en cien años de brega continua en mostrar los derroteros del mundo a quienes, llenos del Espíritu Santo, se convertirán en pescadores de hombres, sacerdotes para siempre. Como habéis podido comprobar, a ellos he dedicado especial atención también en mis viajes apostólicos, con la mirada puesta en una ininterrumpida siembra del evangelio, que consolide la esperanza en las almas y en la sociedad y las impulse a buscar por encima de todo los bienes de la paz que el Señor trajo a la humanidad. Que vosotros, en unión con todos los sacerdotes del mundo, asumáis bajo la guía de los Obispos, esta ardua pero no menos gozosa tarea, de la que la Iglesia espera abundantes frutos.

Encomiendo estos mis sentidos deseos a la Santísima Virgen de la Clemencia, a la que habéis confiado vuestros mejores anhelos, y pido al Señor os guíe y sostenga en vuestras tareas sacerdotales. Como prueba de particular benevolencia os imparto de corazón una especial Bendición Apostólica.


 Silencio

Plegarias

Se pueden elegir algunas de las siguientes fórmulas

- Bendición y acción de gracias

De forma espontánea, por el Beato Manuel Domingo y Sol, por la Hermandad, por los Operarios, por nuestro equipo, por las obras eclesiales confiadas... 

- Súplicas

Celebrante: Al Padre de todas las gracias presentamos nuestros deseos con confianza de hijos.

 

Lector:  Por el Director General y su Consejo,

Todos:    para que en su tarea de gobernar la Hermandad sean iluminados y fortalecidos por el Señor.

Lector:  Por los operarios enfermos y jubilados,

Todos:    para que el Señor les premie su trabajo al servicio de los hombres y les reconforte y alivie en sus tribulaciones.

Lector:  Por los operarios misioneros,

Todos:    para que hagan presente al Dios cercano y liberador.

Lector:  Por los educadores de nuestros diferentes aspirantados,


Todos:   para que formen operarios dispuestos a entregar su vida en la promoción, acompañamiento, formación y sostenimiento de todas las vocaciones, especialmente la sacerdotal; para que estén dispuestos a trabajar por la educación cristiana de la juventud; y sepan encontrar en la eucaristía la fuente y el culmen de su existencia sacerdotal.

Lector:  Por los operarios que dedican su vida a la formación presbiteral,

Todos:    para que sean verdaderos modelos de identificación sacerdotal y les ayuden a ser buenos pastores.

Lector:  Por los operarios que trabajan en los Institutos y Centros de Pastoral Vocacional, 

 Todos:    para que profundicen en  los distintos ministerios eclesiales y en la teología del sacerdocio, y con ello sepan inquietar y capacitar a los diferentes agentes vocacionales.

Lector:  Por los operarios que gastan su vida en los colegios o en los centros de acogida y de orientación vocacional,

Todos:    para que se consagren a la formación cristiana y vocacional de la juventud.

Lector:  Por los operarios que se dedican a cultivar el espíritu de reparación en los Templos,

Todos:    para que sean transmisores de la devoción a la Eucaristía y el espíritu de reparación de don Manuel.

Lector:  Por los operarios que trabajan en tareas editoriales,

Todos:    para que sean propagadores de la Palabra, del pensamiento cristiano y de la teología encarnada en los problemas del hombre.

Lector:  Por los operarios que ejercen su ministerio en las casas de espiritualidad,

Todos:    para que acojan y ayuden a quienes buscan la paz interior del corazón, facilitándoles el encuentro con Dios.

Lector:  Por los operarios que trabajan en parroquias y al servicio de diferentes movimientos eclesiales,

Todos:    para que formen cristianos comprometidos con las realidades terrenas, instaurando la ley de las bienaventuranzas.

Lector:  Por los operarios que trabajan como profesores en las Facultades y como educadores en los Colegios mayores universitarios,

Todos:    para que sean fieles a la misión de formar pensadores e intelectuales cristianos.

Lector:  Por los operarios que trabajan en otros ministerios,

Todos:    para que el Señor les bendiga y haga fructífera la tarea eclesial confiada.

Lector:  Por todos los familiares de los operarios y aspirantes,

Todos:    para que Dios les bendiga por haber sido generosos y haber entregado lo mejor de ellos, sus hijos, a la Hermandad.

Lector:  Por las vocaciones para la Hermandad,

Todos:    para que Dios haga el gran don de animar a jóvenes que quieran compartir la vida y el estilo de don Manuel.

 

Celebrante: Dios Padre, que has dado como regalo a la Iglesia al Beato Manuel Domingo y Sol y a la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, atiende estas súplicas que te presentamos y haznos de nuevo regalo tuyo para los hermanos que nos has encomendado. Por N.S.J. tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


 

 


Bendición y Reserva

 

Canto apropiado


Oración conclusiva

 

Completad, Señor, la obra que habéis comenzado;

asistidme constantemente con vuestra gracia,

dadme un espíritu encendido,

como el de San Juan Bautista;

un celo ardiente,

como el de vuestro apóstol San Pablo;

unos labios puros como los del profeta Isaías.

Dadme, también Salvador mío,

la ciencia necesaria y suficiente

para el desempeño de todas mis obligaciones,

a fin de que pueda convertir a mis hermanos

y conducirlos por el camino de la salvación

y del amor de Dios.

Dadme, al mismo tiempo, Jesús mío,

si es de vuestro agrado,

la salud suficiente para recobrar

con mis obras presentes mis negligencias pasadas

y dedicarme mejor al ministerio sagrado

hasta el momento que sea de vuestra voluntad disponer de mí.

 

- Beato Manuel Domingo y Sol  - 

 

Canto

 

 

Roma, 29 de enero de 2008