I Centenario de la inauguración
del Templo de Reparación

 

 

 

 

 

 

«piedras vivas»

 

 

 

Tortosa
22 de noviembre de 2003


 

Saludo

Celebrante: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos: Amén

Celebrante:  El Dios de Jesucristo que por mediación del Espíritu nos ha constituido en «piedras vivas»
de su familia para que todos puedan reconocerlo y alabarlo, esté con todos vosotros.
Todos:  y con tu espíritu.

 

Canto

Alrededor de tu mesa

 

Exposición del Santísimo

 

Motivación

El día 22 de noviembre de 2003 celebraremos el 1er centenario de la inauguración del Templo de Re­paración de Tortosa: ¡sueño dorado de Mosén Sol!, ¡reli­cario preciado para todos los operarios!
«Mi entusiasmo por esta idea es tan fijo —comenta don Manuel— que tendría remordimiento de no realizarla antes de morir; y si los nuestros se hubiesen opuesto, les habría pedido me lo dejaran realizar como cosa mía, con o sin apoyo de la Hermandad, y sólo habría pedido se dignara la Hermandad estar a la mira y dirigirlo y ser dueña» (cfr. Escritos II, carta a D. José García, 17 de julio de 1900).
Jesucristo-eucaristía no sólo fue para Mosén sol el consuelo en sus tribu­laciones o la fuente de su fecundidad apostólica sino, sobre todo, la razón de ser de su vida y de su ministerio.
«… si descendiéramos al fondo, tal vez encontraríamos que el origen de nuestro deseo por el bien y fomento de las vocaciones eclesiásticas, ha sido nuestro instintivo amor a Jesús sa­cramentado, aun sin darnos nosotros cuenta de ello» (cfr. Escritos I, 5º-31).
La reparación fue para Mosén Sol una forma de recrear la espiritualidad eucarística sirviéndose de las formas propias de su tiempo. Si Cristo reca­pitula toda su vida y su obra de salvación en la eucaristía, ésta no puede ser para nosotros una devoción más, al lado de otras, para momentos puntuales, sino que ha de ser origen y culmen. Como creyentes lo eucarís­tico ha de llenar toda nuestra vida, nuestro ser y nuestro quehacer, nuestra oración y nuestra tarea apostólica; ha de desplegarse en nuestras actitudes; ha de impulsarnos y orientar nuestra misión… hasta que lleguemos a ser verdaderamente  «piedras vivas» de la morada de Dios.
           


 

Himno

Piedra angular y fundamento eres tú, Cristo,
del templo espiritual que al Padre alaba,
en comunión de amor con el Espíritu
viviente, en lo más íntimo del alma.

Piedras vivas son todos los cristianos,
ciudad, reino de Dios edificándose
entre sonoros cánticos de júbilo indecible
al Rey del universo, templo santo.

El cosmos de alegría se estremece
al latido vital de nueva savia,
pregustando el gozo y la alegría
de un cielo y una tierra renovados.

Cantad, hijos de Dios, adelantados
del Cristo total, humanidad salvada,
en la que Dios en todos será todo para siempre,
comunión de vida en plenitud colmada.

Demos gracias al Padre, que nos llama
a ser hijos en el Hijo bienamado,
abramos nuestro espíritu al Espíritu,
adoremos a Dios que a todos salva. Amén.

 

Lectura bíblica

 

Lectura de la primera carta de san Pedro  (1 Pe 2, 4-5)

A continuación el texto de la primera carta de Pedro nos presenta a Jesús como «piedra rechazada». En esta expresión se concentra el misterio pascual de Cristo muerto (rechazado) y resucitado (vivo). Para la comunidad cristiana de finales del siglo I d.C. Cristo-piedra era el punto de apoyo para su esperanza en los momentos de incipiente persecución que les tocaba vivir. Lo importante del texto es que, a semejanza de Jesús, habla de los cristianos como «piedras vivas» que servimos de apoyo y motivo de esperanza los unos para los otros.

«Acercándoos a él, piedra viva rechazada por los hombres, pero escogida y preciosa para Dios, también vosostros, como piedras vivas, vais construyendo un templo espiritual dedicado a un sacerdocio santo, para ofrecer, por medio de Jesucristo, sacrificios espirituales, agradables a Dios».

 

Breve silencio

 

Canto

Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad


Comentario

A medida que va pasando el tiempo os confieso que me siento cada día más orgulloso de que la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Sagrado Corazón de Jesús pueda seguir contribuyendo eclesial­mente a la edificación del Reino de Dios con «piedras vivas» de la cantera singular de Mosén Sol. Todas las piedras están grabadas a cincel y martillo en el corazón. La marca es el logotipo de una letra extraña compuesta por la inicial de tres palabras: E (eucaristía), V (vocación) F (fraternidad). Tres en una. Tres palabras emblemáticas, casi  mágicas. Tres palabras circulares cuya interrelación es perfecta (cualquiera de ellas te adentra y sumerge en las otras dos restantes) y configura nuestra vida.

En la motivación de esta celebración con la que inauguramos o concluimos (cono sur y Angola) el curso y nos unimos a la fiesta del I Centenario del Templo de Reparación de Tortosa, expresábamos que como creyentes y como sacerdotes operarios, lo eucarís­tico, ha de llenar toda nuestra vida, nuestro ser y nuestro quehacer, nuestra oración y nuestra tarea apostólica; ha de desplegarse en nuestras actitudes; ha de impulsarnos y orientar nuestra misión… de tal forma que, aunque no nos demos cuenta, el Señor va conformándonos en «piedras vivas» para que todos puedan recono­cerlo y alabarlo.
           
El fomento, cuidado y sostenimiento de las vocaciones, especialmente las sacerdotales, tienen su origen en el instintivo amor de Mosén Sol a Jesús sa­cramentado. (cfr. Escritos I, 5º-31).

¡Cuánto agradezco también al Señor que, aunque dificultades no falten, nos continúe alen­tan­do a «remar mar adentro» y a seguir siendo una frater­nidad presbiteral singular y atípica! Así nos soñó  don Manuel, por inspiración suya, y así nos gustaría llegar a ser realmente: un puñado de «compañeros reunidos, y viéndose siempre, y de condi­ciones de piedad y de buen criterio me parecieron más que suficientes para lograr la santidad sacerdotal que era conveniente en medio del mundo, y suficiente para la altura de la misión que Dios quería confiarnos, para ser unos ángeles de los otros para conservar esta santidad, y arraigarla e infundirla en los demás, como espontáneamente y sin fatiga» (Escritos I, 5º - 61).

La fraternidad presbiteral  es el don más preciado que el Señor nos ofrece para vivir un sacerdocio fecundo. El hermano es, sin duda, nuestro mejor regalo... incluso el que está enfermo, el anciano, el jubilado, el más joven o el que apenas tiene experiencia pastoral, el hermano al que considero incompatible con mi manera de ser o de pensar, al que creo poco efectivo o al que es más rémora que ayuda... Como en cualquier hogar, también en la Hermandad los más débiles e indefensos han de ser objeto de nuestra mayor predilección, cariño y atención. Pero esto sólo es posible vivirlo desde la contemplación porque ¾como diría Marcelino Legido¾ “mi corazón es demasiado pequeño para albergar a todos los hermanos”.

Tal vez esta singular historia adaptada —que uno de vosotros me envió hace unos días— refleje mejor y más gráficamente lo que realmente os quiero decir al comenzar o concluir (cono sur y Angola) este curso: «Cuentan que en una cantera hubo una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias. El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le ratificó que tenía que renunciar ¿La causa? ¡Hacía demasiado ruido! Y, además, se pasaba el tiempo golpeando.
El martillo aceptó con realismo su propia condición, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo, porque había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.
El el tornillo aceptó también pero,  a su vez, pidió la expulsión de la lija. Era demasiado áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.
Y la lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro, que siempre andaba midiendo a los demás según su medida, como si fuera el único perfecto.
En eso entró el cantero, se puso el delantal e inició su trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el metro, el tornillo... Finalmente, la piedra tosca se convirtió en piedra de sillar, de capitel, de columna…
Cuando la cantera quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando tomó la palabra la sierra y dijo: "Señoras y señores, ha quedado patente que todos tenemos defectos, pero el cantero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestras debilidades sino en nuestras potencialidades”.
 La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto.
Se sintieron entonces un equipo capaz de producir piedras sólidas, de calidad y bien talladas. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos».

En orden a ser práctico y acorde con lo que se nos propone para la formación permanente, os invito a:

  • Cuidar la vida del equipo al que pertenecemos o al que estamos adscritos. Redescubrir el valor y la fecundidad evangelizadora que tiene ser signo de una fraternidad presbiteral tan singular.

 

  • Incrementar nuestra oración personal y comunitaria por las vocaciones para la Hermandad, garantizando además un acompaña­miento sistemático y per­so­nalizado sobre todo a  los jóvenes.
  • Concretar en la programación de cada equipo aquellos indicadores que visibilicen níti­da­mente la di­mensión voca­cional y asegurar que se evalúe  meticulosamente su cumpli­miento (cfr. Hermandad, 444).

 

Que María Inmaculada, bajo cuya protección puso don Manuel a la Hermandad, nos ayude a encontrarnos con su Hijo y hacer lo que Él nos diga.

                                                                                                                             Ángel J. Pérez Pueyo
Director general


Nos has creado diferentes

Te damos gracias, Padre nuestro,
por  habernos creado tan diferentes.

Te alabamos porque nos ha cabido en suerte
descubrirnos unos a otros
y experimentar la dicha del encuentro.
Tú nos has proporcionado la oportunidad
de completarnos.

Por encima de todo te pedimos
que en lo que nos hace diferentes
florezca la unidad.

Descúbrenos cómo nos reúnes
en Jesucristo, que es uno contigo
y nosotros con él.

–F. Chagneau–

Pensamientos

Veloces, tardos spectate,
et pariter ambulate.

–San Agustín–

 

Voy con las riedas tensas
y refrenando el vuelo,
porque no es lo que importa
llegar solo ni pronto,
sino con todos y a tiempo.

–León Felipe– 

 

Súplicas

Lector  Haznos, Señor, comprensivos con el lento caminar de nuestros hermanos
Todos  para poder consolidar un verdadero equipo de vida y trabajo.
Lector  Haznos suficientemente sencillos aceptando la ayuda y la corrección fraterna.
Todos  para llegar a conformar una comunidad de hermanos.
Lector  Haznos sensibles a las necesidades de quienes sufren en nuestra sociedad
Todos  para poder construir una familia humana.
Lector Haznos acogedores, respetuosos y dialogantes con quienes no comparten nuestras ideas o creencias.
Todos  para edificar entre todos el  pueblo de Dios.

 

 

Oración de comunidad

La oración la recita un lector

Rezar juntos,
pero también hablar y reír en común;
intercambiar favores;
leer juntos libros bien escritos;
estar juntos bromeando y juntos serios;
estar a veces en desacuerdo, sin animosidad,
como se está a veces con uno mismo,
y utilizar ese raro desacuerdo
para reforzar el acuerdo habitual;
aprender algo unos de otros
o enseñarlo los unos a los otros,
echar de menos a los ausentes con pena,
acoger a los que llegan, con alegría;
y hacer manifestaciones de este estilo y de otro género,
chispas del corazón de los que se aman y atraen,
expresadas en el rostro, en la lengua,
en los ojos, en mil gestos de ternura;
y cocinar los alimentos del hogar
en donde las almas se unan en conjunto
y donde varios no sean más que uno.

–San Agustín–

 

Bendición y Reserva

Canto

                                                                                                                   
Jesús está entre nosotros

 

 

 

 

 

 

 

 

Tortosa, 22 de noviembre de 2003