29 de enero

Beato Manuel Domingo y Sol

 

Nacido en Tortosa (España) el año 1836, trabajó como sacerdote de la propia diócesis en todos los campos apostólicos. El encuentro providencial con un seminarista necesitado le indujo a optar definitivamente por la formación de los futuros sacerdotes, mediante la creación y dirección de centros especializados y la fundación de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Corazón de Jesús. Muerto el año 1909, fue beatificado por Juan Pablo II, quien no dudó en calificarlo “el santo apóstol de las vocaciones sacerdotales”.

 

OFICIO DE LECTURA

Segunda lectura

De los Escritos del Beato Manuel Domingo y Sol, presbítero (III, 37.º; II, 2.º; L, 5.º)

Hemos de ser más santos los operarios

     Dios ha confiado a cada uno el cuidado de su prójimo. No sabemos si estamos destinados a ser un río rápido que haga florecer a sus orillas jardines amenos, o si hemos de parecernos a la gota de rocío que envía Dios en el desierto a la planta desconocida; pero, más brillante o más humilde, nuestra vocación es cierta: no estamos destinados a salvarnos solos. No debemos estar sin posteridad en el cielo.

     ¿Qué hemos de hacer, pues? Posesionarnos bien de este deber de corresponder a los designios de Dios; revestirnos de un verdadero deseo del bien de las almas; que si este deseo nos animara, pondríamos al servicio del Señor nuestro talento, nuestro prestigio, nuestros intereses. Y no habría obra buena que no nos interesara, ni asociación de propaganda que no mereciera nuestro óbolo y nuestra simpatía, ni acontecimiento triste de la Iglesia que no nos lastimara.

     Pero entre todas las obras de celo, no hay ninguna tan grande y de tanta gloria de Dios, como contribuir a dar muchos y buenos sacerdotes a la Iglesia.

     Está en la convicción de todos que si hubiera bueno y numeroso clero, la sociedad sería remediable y el mundo se salvaría. La historia nos lo enseña en cuantos períodos críticos ha pasado la sociedad. Más aún, cuando el vendaval del infierno se ha cernido sobre una nación o una parte del mundo, si el clero se ha mantenido en su puesto –aunque hayan ido a la guillotina- la gloria de Dios ha brotado en medio del martirio, y ha venido a triunfar de la misma impiedad triunfante. Es la llave de la cosecha el tener clero mucho y bueno. Con esto, todo puede esperarse. Sin esto, casi son inútiles los esfuerzos.

     El Señor me ha hecho gustar, y en abundancia, de todos los consuelos y sin sabores de los varios campos del ministerio sacerdotal: cura de almas, enseñanza, monjas, asociaciones, y últimamente fomentador de vocaciones eclesiásticas; y de todo, esto último es lo que forma mi gozo y mi corona.

     Por esto, hemos de ser más santos los Operarios. ¿Cómo poder nosotros vivir en la disipación, en el peligro, estando amonestando y dirigiendo aquellas almas y preparándolas a la perfección sacerdotal? ¡Las palabras se nos atragantarían y nos parecería que están leyendo nuestro corazón y nos cogerían ganas de irnos a la otra parte de los mares, para ocultar nuestra confusión!

     Tenemos, pues, el deber especial y lo contraemos ante el Corazón de Jesús, de caminar -¿qué digo?-, de poseer la santidad ya, por la trascendencia de nuestros ministerios, de los cuales depende la gloria de Dios en grandísima escala.

Responsorio (1 Pe 1, 13.15; Lev 1, 44)

R. Estad interiormente preparados para la acción; el que os llamó es santo; *Como él, sed también vosotros santos en toda vuestra conducta.
V. Yo soy el Señor, vuestro Dios; santificaos y sed santos, porque yo soy santo. *Como él.

Oración

Oh Dios,
que descubriste al beato Manuel Domingo y Sol
el profundo sentido de tu llamada,
y en especial de la vocación sacerdotal;
suscita, por su intercesión,
decididos apóstoles de las vocaciones
y generosas respuestas a tus llamadas.
Por nuestro Señor Jesucristo.



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