29 de enero

Beato Manuel Domingo y Sol

 

Antífona de entrada (Mt 19, 38)

Rogad al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies, dice el Señor a sus discípulos.

Oración colecta:

Oh Dios, que descubriste al Beato Manuel Domingo y Sol el profundo sentido de toda vocación, en especial de la vocación sacerdotal, suscita por su intercesión decididos apóstoles de las vocaciones y generosas respuestas a tus llamadas. Por Nuestro Señor Jesucristo...

Primera lectura

Lectura del profeta Jeremías (1, 4 -10)

Recibí esta palabra del Señor: Antes de formarte en el vientre, te escogí, antes de que salieras del seno materno, te consagré. Te nombré profeta de los gentiles. Yo pensé: ¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho. El Señor me contestó: No digas "Soy un muchacho", que a donde yo te envíe, irás, y lo que yo te mande, lo dirás. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte —oráculo del Señor—. El Señor extendió la mano y me tocó la boca, y me dijo: Mira: yo pongo mis palabras en tu boca.

Salmo responsorial (Sal 39)

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor: El se inclinó y escuchó mi grito: me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y en cambio me abriste el oído: no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: "Aquí estoy".

Como está escrito en mi libro "para hacer tu voluntad". Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas.

Segunda lectura

Lectura de la Carta de San Pablo a los Filipenses (Flp 3, 8-14)

Hermanos: Todo lo estimo pérdida, comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por Él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en Él, no con una justicia mía —la de la ley—, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús.

O bien,

Lectura de la Carta de San Pablo a los Efesios (Ef 1, 3-10)

Hermanos: Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo, con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo —antes de crear el mundo— para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo —por pura iniciativa suya— a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el Misterio de su voluntad. Este es el plan que habla proyectado realizar por Cristo, cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.

Aleluya (Jn 15, 16)

Yo soy quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y déis mucho fruto, y vuestro fruto dure, dice el Señor.

Evangelio

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo (9,35- 38)

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el evangelio del Reino, y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, "como ovejas que no tienen pastor". Entonces dijo a sus discípulos: — La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.

O bien,

Lectura del Santo Evangelio según San Juan (17, 1- 21)

En aquel tiempo, levantando al cielo loa ojos, oró Jesús diciendo: Padre Santo, he manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo... Tuyos eran y tú me los diste... Te ruego por ellos... Cuando yo estaba con ellos, los guardaba en tu nombre, y los custodiaba; y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo, para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal... Santifícalos en la verdad. Como tú me enviaste al mundo, así también los envío yo al mundo. Y por ello me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad. Padre Santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.

O bien,

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (5, 1- 11)

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando Él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: — Rema mar adentro, y echad las redes para pescar. Simón contestó: — Maestro nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes. Y puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: — Apártate de mí, Señor, que soy un pecador. Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón; — No temas: desde ahora serás pescador de hombres. Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Oración de los fieles

Hermanos: Reunidos en esta celebración eucarística, pidamos a Dios que llene a todos los hombres con sus bendiciones:

1. Por la Iglesia, para que fiel a su vocación misionera, extienda con su testimonio y su palabra el mensaje de Cristo a todos los pueblos. Roguemos al Señor.

2. Por el Papa Juan Pablo II y por nuestros obispos, para que el Señor les ilumine con su gracia y les fortalezca con su espíritu, y así puedan cumplir su misión de guías y pastores. Roguemos al Señor.

3. Por los sacerdotes, religiosos y personas consagradas, para que vivan con alegría su vocación de servicio a los demás. Roguemos al Señor.

4. Por todas las vocaciones sacerdotales, para que a ejemplo del Beato Manuel Domino y Sol, respondan gozosamente a la llamada que el Señor les hace y se preparen con ilusión a la misión que la Iglesia y la sociedad espera de ellos. Roguemos al Señor.

5. Por la juventud, para que sepa dar sentido cristiano a tantos ideales que llenan su vida y encuentre los cauces adecuados, para realizarlos. Roguemos al Señor.

6. Por todos los que nos encontramos aquí reunidos, para que todos los momentos de nuestra vida estemos dispuestos a dar razón de nuestra vocación de hijos de Dios. Roguemos al Señor.

Oremos: Escucha Dios de bondad, nuestras peticiones, y haz que cuantos hemos sido llamados por Cristo, le sigamos en esta vida como hermanos, y un día podamos entrar a formar parte de la gran familia de los hijos de Dios. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas

Oh Dios, Padre de toda misericordia, que, por amarnos sin medida, nos has dado con inefable bondad a tu Hijo Unigénito, haz que, en perfecta unión con Él, te ofrezcamos una digna oblación. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Prefacio

V. El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu. V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor Nuestro.

Porque nos concedes la alegría de celebrar hoy la fiesta del Beato Manuel Domingo y Sol, fortaleciendo a tu Iglesia con el ejemplo de su vida, instruyéndola con su Palabra y protegiéndola con su intercesión.

Por eso, con los ángeles y los santos, te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo...

Antífona de comunión (1 Jn 3, 16)

En esto hemos conocido el amor de Dios: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos.

Oración después de la comunión

Alimentados a tu mesa, Señor, te rogamos que, por este sacramento de tu amor, germinen las semillas que generosamente esparciste en el campo de tu Iglesia, para que sean cada vez más numerosos los que elijan el camino de servirte en los hermanos. Por Jesucristo Nuestro Señor.