
«EN TU NOMBRE ECHARÉ LAS REDES»
(Lc 5,5)
Saludo
Celebrante: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos: Amén
Celebrante: El Dios que nos ha llamado a la vida, que nos ha revelado el misterio de nuestra propia identidad y que nos ha invitado a desvelar a toda la humanidad su plan de salvación, esté con todos vosotros.
Todos: Y con tu espíritu.
Motivación
Al calor de la mesa familiar nos hemos reunido para pedirle al Señor que la conmemoración del primer centenario de la muerte de Mosén Sol y la celebración de la XXI Asamblea General de la Hermandad sean un verdadero acontecimiento de gracia que reafirme nuestra verdadera identidad y nos permita desentrañar la vitalidad todavía contenida en el carisma recibido. Y, al mismo tiempo, nos permita mirar el futuro con audacia y realismo, vislumbrar las nuevas señales del Reino y ser signo de esperanza del hombre de hoy que necesita encontrar el sentido y la razón de ser de su existencia (vocación).
Exposición del Santísimo
Gracias, Señor, por habernos regalado estos hermanos. Nosotros no hemos elegido a las personas con las que has soñado que compartiéramos nuestra vida; las hemos recibido de ti; nos las has regalado; y con ellas y a través de ellas Tú vas actuando en cada uno de nosotros como protagonista oculto y primero.
Nos has hecho encontrar, según tus planes y designios, personas de distintas edades, de culturas distintas, con percepciones también distintas de lo que entraña la 'fraternidad' y no sólo para, compartir un techo o, una tarea, sino para enriquecernos y, como dijo nuestro Fundador, para ayudarnos a ser santos.
Tú moras en medio del grupo y eres el que cuidas de cada uno de nosotros. No surge nuestra fraternidad de meros voluntarismos: de que nos unamos directamente entre nosotros, sino que nos unimos todos a Ti y desde Ti con los demás.
Ayúdanos a cultivar la apertura, la universalidad; a favorecer el sentido de pertenencia y a vivir con estilo verdaderamente eclesial de comunión.
Canto
Reunidos en el nombre del Señor,
que nos ha congregado ante su altar,
celebremos el misterio de la fe,
bajo el signo del amor y la unidad.
Tu, Señor, das sentido a nuestra vida
tu presencia nos ayuda a caminar:
tu palabra es fuente de agua viva
que nosotros sedientos a tu casa,
venimos a cantar.
Oración
Padre santo y providente,
tu eres el dueño de la viña y de la mies
y a cada uno das la justa recompensa por el trabajo.
En tu designio de amor
llamas a hombres y mujeres a colaborar contigo
en la salvación del mundo.
Te agradecemos por Jesucristo, tu palabra viviente,
que nos ha redimido de nuestros pecados
y está entre nosotros para socorrernos de nuestra pobreza.
Guía la grey a la que has prometido el Reino.
Manda nuevos operarios a tu mies
e infunde en los corazones de los pastores
fidelidad a tu proyecto de salvación,
perseverancia en la vocación y santidad de vida.
Cristo Jesús,
que en las riberas del mar de Galilea llamaste a los apóstoles
y los constituiste fundamento de la Iglesia
y portadores de tu evangelio,
sostén en el hoy de la historia a tu pueblo en camino.
Infunde valor a aquellos a los que has llamado a seguirte
en la vida del sacerdocio y de la vida consagrada,
para que puedan fecundar el campo de Dios
con la sabiduría de tu palabra.
Haznos dóciles instrumentos de tu amor
en el diario servicio de los hermanos.
Espíritu de santidad, que infundes tus dones en todos los creyentes
y, particularmente, en los llamados a ser ministros de Cristo,
ayuda a los jóvenes a descubrir el atractivo de la divina llamada.
Enséñales el verdadero camino de la oración,
que se nutre con la palabra de Dios.
Ayúdales a escrutar los signos de los tiempos
para ser fieles intérpretes del evangelio y portadores de salvación.
Lectura bíblica
Bajo el símbolo de la pesca milagrosa el autor sagrado describe la misión evangelizadora de la Iglesia. Tarea que compete a todos y a cada uno de los miembros de la comunidad, que se realiza de forma compartida y que se dirige a toda la humanidad. Labor ardua y delicada que exige adentrarse en alta mar, soportar el viento y el oleaje en ocasiones adverso, situarse en medio del mundo, conscientes, sin embargo, de no estar abandonados a su propia suerte y saber de quién se han fiado.
- Lectura del evangelio de Juan (Jn 21, ((Jn 21, 4-7):
«Al clarear el día, se presentó Jesús en la orilla del lago, pero los discípulos no lo reconocieron.
Jesús les dijo:
-Muchachos, ¿habéis pescado algo?
Ellos contestaron
-No
Él les dijo:
-Echad la red al lado derecho de la barca y pescaréis.
Ellos la echaron, y la red se llenó de tal cantidad de peces que no podían moverla. Entonces el discípulo que a quien Jesús tanto quería le dijo a Pedro:
-¡Es el Señor!».
Silencio
Mensaje de Juan Pablo II a la XX AG de la Hermandad
(Se invita a orar personalmente a través de la lectura del siguiente texto)
«Me es grato dirigirme a vosotros con ocasión de la celebración en Roma, en la sede del Pontificio Colegio Español de San José, de vuestra XX Asamblea General. A través de vosotros quiero saludar también a todos los miembros de la Hermandad y expresar mi gratitud por el importante servicio eclesial que lleváis a cabo, especialmente en el ámbito de la pastoral vocacional. Lo hago, al mismo tiempo, con el fin primordial de alentaros a mirar hacia el futuro con audacia y realismo para vislumbrar las nuevas señales del Reino, revitalizar y hacer más significativo hoy vuestro carisma, ¾uno de los carismas medulares de la Iglesia¾, y responder a las verdaderas aspiraciones y necesidades que los hombres poseen en la orientación de sus vidas.
Teniendo, por tanto, en cuenta la especificidad que os es propia y en plena sintonía con la llamada que repetidamente vengo haciendo para redoblar el esfuerzo pastoral por las vocaciones al sacerdocio y a la vida de especial consagración, habéis formulado el eje central de vuestros trabajos de estos días con la frase: "la pastoral vocacional, desafío de nuestra identidad hoy".
Los Sacerdotes Operarios Diocesanos habéis dedicado siempre vuestras mejores energías a la pastoral de las vocaciones sacerdotales, religiosas y apostólicas, conscientes de que son el medio universal y más eficaz para la promoción de todos los demás campos pastorales.
La presente Asamblea tiene que ser, pues, un acontecimiento de gracia en el que, reafirmando vuestro auténtico fundamento institucional, desentrañéis la vitalidad, la fecundidad y la radicalidad contenida todavía en el propio carisma heredado, para ofrecer nuevas e inéditas expresiones del delicado quehacer de la pastoral vocacional.
Esta tarea, especialmente hoy, es verdaderamente urgente y necesaria. Implica promover, formar y acompañar los procesos de nacimiento, maduración y discernimiento de toda vocación eclesial, especialmente al ministerio presbiteral, ayudando a descubrirla como un don y a vivirla en continua acción de gracias, ya que ella es un regalo de amor, un don de Dios, "una gratia gratis data (charisma)" (Exhortación apostólica postsinodal Pastores dabo vobis, 35).
Deseo exhortaros a reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de vuestro fundador, adaptándoos, cuando sea necesario, a las nuevas situaciones y necesidades, en plena docilidad a la inspiración divina y al discernimiento eclesial. Una creciente atención a la identidad original será el criterio seguro para buscar las formas adecuadas de testimonio capaces de responder a las exigencias del momento actual (cf. Exhortación apostólica postsinodal Vita consecrata, 37).
Trabajad, pues, en fidelidad al carisma que el Señor infundió al Beato Manuel Domingo y Sol, aquel a quien mi predecesor el Papa Pablo VI llamó el "santo apóstol de las vocaciones sacerdotales" y del cual, yo mismo, con motivo del I Centenario de la fundación de la Hermandad, escribí: "Siendo fiel a la llamada de Cristo y dócil a las insinuaciones del Espíritu, ... supo no sólo indicaros pautas adecuadas...sino también daros con su conducta ejemplar y sus escritos la clave para configurar realmente la existencia sacerdotal a medida del don de Cristo,... y ser en el seno de la Iglesia germen de una nueva familia de sacerdotes imbuidos de espíritu evangélico y volcados con incondicional entrega al servicio de los hombres..." (Carta de S.S. Juan Pablo II a los Sacerdotes Operarios Diocesanos al cumplirse el I Centenario de la Fundación de la Hermandad, Vaticano, 25 de enero de 1983).
Queridos hijos ¡continuad con ánimo renovado la obra que la Iglesia os ha confiado! tratando de llevarla a cabo con el estilo de vida y acción que os caracteriza: la fraternidad sacerdotal. Tened por cierto que "no pretendiendo ser más que sacerdotes, y nada más que sacerdotes, y santos" (cf. Escritos), vuestra vida y ejemplo se traducirán, sin duda, en un estímulo para cuantos buscan el seguimiento radical de Cristo, favoreciendo en ellos "la respuesta libre, decidida y generosa, que hace operante la gracia de la vocación" (Exhortación apostólica postsinodal Vita consecrata, 64). Pues en definitiva "la vocación sacerdotal es esencialmente una llamada a la santidad, que...es intimidad con Dios, es imitación de Cristo, pobre, casto, humilde; es amor sin reservas a las almas y donación a su verdadero bien; es amor a la Iglesia que es santa y nos quiere santos, porque ésta es la misión que Cristo le ha encomendado" (Exhortación apostólica postsinodal Pastores dabo vobis, 33).
Llevad a buen término el arduo cometido que os compete teniendo en cuenta el aspecto referente a la inculturación, ya que el Instituto, extendido desde la nativa Tortosa hasta otros países, particularmente en América Latina, vive hoy una enriquecedora realidad pluri cultural. Hacedlo siempre en plena armonía con las Iglesias particulares donde la Hermandad está presente y en estrecha colaboración con los Obispos, con los organismos de las diócesis y congregaciones, especialmente con los que específicamente promueven y coordinan la pastoral vocacional, buscando nuevos cauces y métodos que impulsen este ámbito pastoral.
Confiando en la palabra de Cristo "Duc in altum!" (Lc. 5, 4) abrid vuestro corazón a la invitación que he dirigido en la Carta Apostólica Novo milenio ineunte (cf. NMI 1; 15; 56) y afrontad con coraje el desafío de la evangelización en este milenio, ¾nueva primavera del Espíritu¾, que acabamos de iniciar. No digáis nunca: lo hemos intentado todo; ya no hay nada que hacer. Al contrario, estad siempre dispuestos a seguir transformando vuestro compromiso e identidad de "operarios" en orientaciones pastorales concretas que respondan a las exigencias de vuestro carisma y a las necesidades de la Iglesia en el mundo de hoy.
Y volviendo a vuestros lugares de origen, recordad a todos los miembros de la Hermandad las palabras del Maestro: "Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar" (Lc. 5, 4). No cedáis al desaliento. Trabajad con ánimo alegre y decidido, sabiendo que no es vuestra obra, sino la del Señor. Implicaros, pues, decididamente con el irrenunciable deber de fomentar las vocaciones a vuestro propio Instituto, de impulsar todo tipo de vocación consagrada y de sensibilizar a las comunidades eclesiales donde desarrolláis vuestra labor evangelizadora para que tomen conciencia de que las vocaciones al sacerdocio son un problema vital que está en el corazón mismo de la Iglesia. ¡Recordando que vuestra Institución tiene un carácter específicamente eucarístico, haced que Jesús Sacramentado sea siempre la fuente de todas las gracias en vuestras empresas (cf. Escritos I, 5º-31) y que la Virgen santísima, modelo de consagración y seguimiento, os acompañe siempre en la tarea evangelizadora que realizáis!
Con estos sentimientos y como prenda de abundantes gracias divinas os imparto de corazón la Bendición Apostólica».
Vaticano, 6 de julio de 2002
IOANNES PAULUS II
Canto
Pescador, que al pasar por la orilla del lago
me viste secando mis redes al sol.
Tu mirar se cruzó con mis ojos cansados
y entraste en mi vida buscando mi amor.
Pescador, en mis manos has puesto otras redes
que puedan ganarte la pesca mejor
y al llevarme contigo en la barca,
me nombraste Señor pescador.
Pescador, mi trabajo de toda la noche,
mi dura faena, hoy nada encontró.
Pero tú, que conoces los mares profundos,
compensa si quieres mi triste labor.
Preces
Lector: Por el Consejo General y el de cada Delegación:
Todos: para que en su servicio de animación y gobierno de la Hermandad el Señor les ilumine, les guíe y les ayude a descubrir qué espera de nuestra fraternidad hoy.
Lector: Por los operarios enfermos y jubilados:
Todos: para que el Señor les premie su trabajo al servicio de los hombres y les reconforte y alivie en sus tribulaciones.
Lector: Por los operarios que ejercen su ministerio pastoral en tierras de misión:
Todos: para que logren inculturarse e integrar todas las dimensiones en la tarea evangelizadora que les ha sido confiada.
Lector: Por los educadores de nuestros diferentes aspirantados:
Todos: para que formen operarios dispuestos a entregar su vida en la promoción, acompañamiento, formación y sostenimiento de todas las vocaciones, especialmente la sacerdotal; para que estén dispuestos a trabajar por la educación cristiana de la juventud; y sepan encontrar en la eucaristía la fuente y el culmen de su existencia sacerdotal.
Lector: Por los operarios que dedican su vida a la formación presbiteral:
Todos: para que sean verdaderos modelos de identificación sacerdotal y les ayuden a ser grandes pastores.
Lector: Por los operarios que trabajan en los Institutos y Centros de Pastoral Vocacional:
Todos: para que profundicen en los distintos ministerios eclesiales y en la teología de la vocación para que logren preparar adecuadamente a los evangelizadores que el mundo de hoy necesita.
Lector: Por los operarios que colaboran en la formación de los consagrados y sostienen su vida y misión:
Todos: para que les animen a seguir siendo parábola del Reino y signo de que Dios es el único absoluto.
Lector: Por los operarios que trabajan en los diferentes movimientos de apostolado laical:
Todos: para que ayuden a tomar verdadera conciencia de haber sido llamados por Dios a colaborar en la tarea evangelizadora, se sitúen en el corazón del mundo, sean realmente fermento en el ámbito del trabajo, de la familia, de la política, de lo social... y logren integrar la fe y la vida.
Lector: Por los operarios que consagran su vida a la educación cristiana de la juventud en los colegios o en los centros de acogida y de orientación vocacional:
Todos: para que, acogiéndolos y amándolos como son, descubriendo y valorando sus cualidades, respetando su propio ritmo de madurez humano y espiritual, sean verdaderos testigos de la fe con su propia vida.
Lector: Por los operarios que cultivan el espíritu eucarístico-reparador en los Templos:
Todos: para que, compartiendo con Cristo su mismo destino redentor, tengan lucidez crítica para decodificar, a la luz de la fe, la vida de los hombres y poner en evidencia aquellas estructuras que le alienan y esclavizan.
Lector: Por los operarios que trabajan en la Casa de la Biblia y en el mundo editorial:
Todos: para que sean propagadores de la Palabra de Dios, del conocimiento cristiano y de la teología encarnada en los problemas del hombre.
Lector: Por los operarios que ejercen su ministerio en las casas de espiritualidad:
Todos: para que acojan a cuantos se hallan en actitud de búsqueda, favorezcan el encuentro con Dios y les ayuden a descubrir el sentido y la orientación de sus vidas, es decir, su propia vocación.
Lector: Por los operarios que trabajan en parroquias:
Todos: para que creen verdaderas comunidades evangelizadoras y misioneras donde puedan nacer, crecer y madurar todas las vocaciones (laicales, religiosas y especialmente las vocaciones al ministerio presbiteral). Comunidades de llamados que, a su vez, llaman y acompañan a otras personas llamadas.
Lector: Por los operarios que trabajan como profesores en las Facultades y como educadores en los Colegios mayores universitarios:
Todos: para que sean fieles a la misión de formar pensadores e intelectuales cristianos.
Lector: Por los operarios que están en destinos diversos:
Todos: para que el Señor les estimule a desentrañar íntegramente en sus respectivos ministerios el carisma vocacional heredado institucionalmente.
Lector: Por todos los familiares de los operarios y aspirantes:
Todos: para que Dios les haga descubrir realmente la bendición que va a suponerles la vida y el ministerio presbiteral de su hijo.
Lector: Por las vocaciones para la Hermandad:
Todos: para que Dios modele el corazón de muchos jóvenes como el de su hijo Jesucristo, el buen pastor, y éstos se sientan llamados a encarnar y compartir la vida y el estilo sacerdotal de Mosén Sol.
Bendición y Reserva
Canto apropiado
Oración
Completad, Señor, la obra que habéis comenzado;
asistidme constantemente con vuestra gracia,
dadme un espíritu encendido,
como el de San Juan Bautista;
un celo ardiente,
como el de vuestro apóstol San Pablo;
unos labios puros como los del profeta Isaías.
Dadme, también Salvador mío,
la ciencia necesaria y suficiente
para el desempeño de todas mis obligaciones,
a fin de que pueda convertir a mis hermanos
y conducirlos por el camino de la salvación
y del amor de Dios.
Dadme, al mismo tiempo, Jesús mío,
si es de vuestro agrado,
la salud suficiente para recobrar
con mis obras presentes mis negligencias pasadas
y dedicarme mejor al ministerio sagrado
hasta el momento que sea de vuestra voluntad disponer de mí.
(Beato Manuel Domingo y Sol)

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