Los Sacerdotes Operarios que trabajan en México celebran el centenario de la muerte de su fundador, el Beato Manuel Domingo y Sol, fallecido en la ciudad de Tortosa (España) en 1909.
Descendiente de labriegos y toneleros, Manuel Domingo y Sol fue doctor en Teología y bachiller en Artes. Dedicó los primeros años de su vida a trabajar intensamente en la enseñanza, en la dirección espiritual, en la atención a religiosas y en la preparación de apóstoles entre los jóvenes, proporcionándoles espacios de diversión, cultura y formación espiritual.
A sus 36 años de edad, un encuentro con un seminarista pobre y necesitado le abrió un nuevo horizonte apostólico: la atención a las vocaciones, especialmente a las sacerdotales, proporcionando orientación, cuidado y una buena formación espiritual.
Fue así como inició la aventura de erigir un primer “colegio de vocaciones” en su diócesis, al que seguirían otros nueve en España y Portugal. El resultado formativo de estos institutos llevó a que los obispos de España y México le urgieran para encomendarle la dirección de sus seminarios.
Su celo apostólico lo llevó a fundar en 1884 la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, y seis años después el Pontificio Colegio Español, cuya finalidad era asegurar una formación de alto nivel. En este colegio han estudiado a la fecha más de tres mil 500 seminaristas y sacerdotes españoles y latinoamericanos.
Tras la muerte del hoy Beato, se escribieron de él los más bellos elogios; desde el Papa San Pío X, con quien le unió una continua relación, hasta el más joven de los alumnos de los colegios por él fundados. Quedó también una estela de unos cien hombres trabajando en su obra en varios países del mundo, entre ellos México.
El decreto que reconoció sus virtudes heroicas lo definió como “Santo Apóstol de las Vocaciones Sacerdotales” y el papa Juan Pablo II lo inscribió en el elenco de los Beatos el 29 de marzo de 1987, estableciendo el 29 de enero como su fiesta litúrgica.
Sacerdote cabal y alegre, hombre de una sola pieza, su principal objetivo fue dar a la Iglesia y al mundo muchos y santos sacerdotes. Su centro de vida era la Eucaristía y su obsesión México: “Cómo duermo y sueño con México...”, solía decir.
Su carácter enérgico, constante, emprendedor, inflexible, sin miedo a la lucha cuando entendía que se atravesaba por medio la voluntad de Dios, actualmente se ve reflejado en la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesano, extendida por diversas naciones de Europa, América y África, a través de diferentes apostolados, siendo los más importantes la formación de sacerdotes diocesanos, la capacitación de formadores de seminaristas, los centros de estudios enfocados a las vocaciones y la atención espiritual a los fieles en templos dedicados al Santísimo Sacramento.
A México, los primeros Sacerdotes Operarios llegaron en 1898 para trabajar en los seminarios de Chilapa, Puebla, Cuernavaca y Querétaro, así como en el Templo Nacional Expiatorio de San Felipe de Jesús, donde fundaron grupos importantes de adoradores de la Eucaristía y, en concreto, la Adoración Nocturna Mexicana a principios del siglo XX.
Luego de abandonar el país a causa de la Revolución Mexicana, la Hermanad regresó a nuestro país con motivo de los 50 años de la fundación de la Adoración Nocturna. A partir de 1951 ocuparon el templo de San Jerónimo en el Centro Histórico y la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Fátima a las afueras de la ciudad.
En Querétaro, lograron con mucho esfuerzo reabrir al culto el Templo Expiatorio San José de Gracia, iniciando así una segunda etapa en la que lo más importante ha sido su actividad apostólica con las diócesis, los seminarios y los movimientos laicales a través de sus tres ejes principales: el fomento, cuidado y sostenimiento de las vocaciones; el acompañamiento a los jóvenes en su opción cristiana y la promoción a Jesús en la Eucaristía.
A cien años de la muerte del Beato Manuel Domingo y Sol, su serenidad y dulce mirar, su exquisita cortesía, su modesta piedad, su santidad alegre, su temple de espíritu, su paciencia, su humildad y su generosidad, continúan permeando la vida de la Iglesia Católica a través de sus fieles pupilos, los 210 Sacerdotes Operarios Diocesanos que existen en el mundo, 23 de los cuales trabajan en nuestro país.
Con información de los sacerdotes José Luis Ferré y Lope Rubio
Presencia de los Sacerdotes Operarios Diocesanos en México:
• Casas de formación propias: Aspirantado Mayor, en la Arquidiócesis de Tlalnepantla, y el Centro de Orientación y Acogida Vocacional en la Diócesis de Querétaro.
• Formación de Formadores: en colaboración con la Universidad Pontifica de México.
• Seminario: Campeche, Camp.
• Instituto Vocacional: en la Arquidiócesis de México.
• Parroquias: tres en la zona Centro de México: Parroquia de Ntra. Sra. del Rosario de Fátima (DF); Ntra. Sra. de los Ángeles (Tlalnepantla); y Santa Cruz de la Herradura (Tlalnepantla).
• Pastoral Vocacional: colaboración en la Comisión Episcopal de Seminarios y Vocaciones de México.
• Templo Expiatorio: San José de Gracia, en Querétaro.
• Casa de retiros: en Atizapán de Zaragoza, Diócesis de Tlalnepantla.
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