UN HOMBRE DE DIOS

Beato Manuel Domingo y Sol

 

P. Juan A. Puigbó Operario Diocesano

E-Mail: jpuigbo@hotmail.com

Probablemente, acostumbrados a escuchar el nombre de grandes santos pasemos por alto el de este modelo para los sacerdotes y los jóvenes. Su nombre es poco conocido entre nosotros y no es común escuchar alguna referencia de este personaje.

Pero aunque esta sea la realidad, hoy, en el día de su fiesta, se los presento: Manuel Domingo y Sol, es su nombre. Al que también le decimos Padre Sol.

El Padre Sol fue uno de esos sacerdotes que “lo vio todo” porque así se lo manifestó Jesús con el que tenía una grandísima amistad. Era uno de esos enamorados del Señor que no se detenía sino por aquello que valía la pena. Los contratiempos de su vida le impulsaban a ver más lejos y a relativizar las cosas menos importantes.

Durante su vida el Padre Sol hizo muchas cosas pero, sobre todo, se dejó llevar y hacer por la voluntad de Dios. Él dependía de lo que Dios le dijera y fue así como en una mañana del 29 de enero de 1883, después de celebrar la Eucaristía, en el Convento de Santa Clara de Tortosa, España, tuvo la inspiración de fundar la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos.

El Beato Manuel había nacido en Tortosa el 1 de Abril de 1836 y desde temprana edad sintió inclinación por ser sacerdote. Desde su formación en el seminario a Manuel se le veía movido por ser un sacerdote “diferente”. Él quería ser un sacerdote que ambicionara “todos los campos de la gloria de Dios”.

Con los años de su vida ministerial fueron madurando las obras que Dios ponía en sus manos. Pero, de un modo muy especial al Padre Sol le urgía responder a la formación de los futuros sacerdotes. Poco a poco fue dando respuestas concretas con la creación de los Colegios de San José (para la atención de seminaristas con bajos recursos) y, luego, con la aceptación de la dirección de los seminarios diocesanos.

Aunque han pasado muchos años de aquella inspiración sobre el Padre Sol había de fundar a la familia de sacerdotes que se dedicara a al acompañamiento de las vocaciones, hoy, más que nunca, sigue vigente esta necesidad en la Iglesia.

Necesitamos en nuestra Iglesia venezolana “muchos sacerdotes y santos” -como decía el Padre Sol- capaces de responder a las preguntas de fe que todos nos hacemos, capaces de hacer presentes a Dios en aquellos lugares y momentos de contradicción, de conflicto, de necesidades... Los sacerdotes debemos convertirnos en signos de la presencia de Jesús entre nosotros.

Los operarios queremos hacer vivo el carisma vocacional del Padre Sol con nuestra presencia en los centros vocacionales para jóvenes adultos, en los seminarios, en la pastoral hispana, en los programas de pastoral familiar en los institutos de pastoral vocacional. Los operarios vivimos nuestro sacerdocio inserto en la pastoral de una diócesis y ejercemos nuestro ministerio en equipos con otros sacerdotes.

Ser sacerdotes hoy es una exigencia para todos. Nadie se puede sentir fuera de esta responsabilidad. Todos entramos en juego y cada uno con su propia vida.

La Iglesia nos convoca a todos al testimonio de nuestras vidas, a ser coherentes y a convertirnos en “otros Cristo” hoy.

La presencia del Padre Sol, entre nosotros, está viva, no sólo en el recuerdo sino en las actividades que los operarios llevamos entre manos. Él es un ejemplo de esa “necesidad de ser Cristo”. Queremos seguir respondiendo para seguir prolongando su Obra pero te necesitamos a ti con tus ilusiones, tus fuerzas y tus deseos de servir.

Por eso te pregunto ¿quieres ser sacerdote? Arriesga tu vida y conviértete en “un hombre de Dios”.