NACIÓ PARA SER SACERDOTE,

VIVIÓ PARA SER AMIGO DE LOS JÓVENES

 

 

“La formación de la juventud, ¡ésa es la gran obra!”  Y así ha sido; Cómo  no confirmar este legado que nuestro Padre y amigo dejó a su Hermandad, cómo no hacernos sentir cuando celebramos el  Centenario de su Pascua Eterna; cómo no gritar que nos sentimos y somos parte de la juventud alegre, que con entusiasmo trabaja guiada por Dios para ser  instrumento de Él y así salvar a la sociedad venezolana a través de LA JUVENTUD.

 El saber que desde sus inicios con dedicación Don Manuel ayudó a los jóvenes nos llena de esperanzas y de inmensa fortaleza para ser nosotros entonces, quienes con ese mismo carisma apoyemos a esos jóvenes que aun no tienen la gracia de la comunión con el hermano y mas aun con el Creador.

 Cómo no imitar desde nuestra sencillez pero también desde nuestro mayor compromiso sus obras y brindar espacios, momentos, frases y acciones que guíen y acompañen al joven en su etapa de discernimiento cristiano.

 Bien dijo Mosen Sol: “De las juventudes deben salir, por un lado, vocaciones que pueblen los seminarios, y, por otro, hombres prácticamente cristianos que lleven la vida a las parroquias”. Y aquí estamos, jóvenes cristianos y sacerdotes buscando las mejores herramientas para que todo chamo que sea y se sienta Operario pueda cumplir en su futuro esta grandiosa idea.

 Conocer su legado nos invita a continuar, pero continuar con acciones firmes y concretas, con pensamientos que se ejecuten y con un inmenso AMOR, ese que Dios nos ha tenido desde siempre, ese que don Manuel nos mostró con su obra y que tantos años después aun irradia en cada sacerdote operario dispuesto a ayudarnos. AMOR, que con seguridad podemos decir que nosotros correspondemos.

 Ser operario es más que un nombre, sentirnos operarios es todo un compromiso, sabernos operarios es saber que somos muchos trabajando por lo mismo, conocernos operarios es conocer a Don Manuel, vivir como operarios, es vivir conociendo que “ no estamos destinados a salvarnos solos”  que siendo una gota que llegue al Marqués o a Petare, un gran manantial que se derrame con fuerza en Valencia o en la Rosa; o simplemente  un río que fluye en Guyana, nuestra vocación es cierta; y nos invita a continuar en comunidad, a crecer en comunidad y a salvarnos en comunidad.

Mosen Sol, siempre trabajó para ser Padre y Amigo de los Jóvenes, y en la Pastoral Juvenil Operaria Venezolana podemos confirmar que más que ser sólo nuestro padre, es nuestro guía; y que no sólo es nuestro amigo sino que también es nuestro pana, sus enseñanzas aun nos llegan y sus palabras nos dan color y música; color para pintar nuestro camino como joven con las mejores tonalidades del Arco Iris,  y melodía para que acoplados a él y a Dios, formemos parte de esa gran orquesta , que debe unida sonar mejor.

 Bien dijo Don Manuel “...Creo que para realizarlo he puesto más trabajo y desvelos que para la misma Hermandad”, refiriéndose a la formación de la juventud; y estamos seguros que ya practicaba esa pastoral cercana, la misma que nosotros con humildad y siguiendo su legado practicamos, esa pastoral de murito (de San Juan), de tronco (de San Buenaventura), de las escaleras o la plaza (de Sagrado Corazón) y que se lleva a cabo en cada una de nuestras plataformas.

 Y por supuesto el conseguirnos en este momento histórico, nos invita  a renacer la Pastoral Juvenil, a pensarla de nuevo y a que cada vez se parezca más a la que Don Manuel pensó cuando realizó los gimnasios y trabajó para esos chicos que tenían tantas necesidades, como de seguro también las tienen nuestros jóvenes de hoy.

 Para nosotros es un verdadero placer ser jóvenes operarios y sobre todo un compromiso, pues cómo después de conocer nuestra herencia, no trabajar con esfuerzo para prestar nuestras manos y  nuestras acciones convirtiéndonos en JÓVENES, APÓSTOLES DE OTROS JÓVENES.

 

 

Comisión Nacional de Pastoral Juvenil Vocacional

Delegación de Venezuela