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MOSÉN SOL
Suena bien: “Mosén Sol”. En su ciudad de Tortosa ―España― donde nació, es costumbre llamar al sacerdote “Mosén”, en vez de Padre. Y “Sol” es su apellido materno. Su nombre de pila es Manuel Domingo y Sol. Era millonario en nombres. El mismo comenta: “Cuando voy por la calle, si oigo que me llaman Mosén Manuel, seguro que es alguna “devotita”. Los nuestros me llaman Don Manuel. Si me dicen Mosén Sol, o son antiguos discípulos o colegiales. Si oigo decir Doctor Sol, ya sé que es un catalán. Mosén Domingo no me lo dicen nada más que los amigos y condiscípulos. Si me dicen Padre Vicario, sin duda que se trata de alguno de la parroquia o del barrio de Santa Clara.
El año 1982 Juan Pablo II lo elevó a la categoría de Beato. En 1909 hará cien años que murió. Próximamente comenzará la celebración del Centenario de su muerte y 25 de su Beatificación. Fue un sacerdote diocesano de simpatía desbordante, que vendió todo lo que tenía para ayudar a los jóvenes y a los seminaristas.
Tenía tres grandes amores a los que dedicó toda su vida: las Vocaciones sacerdotales, con sus tres fases: Fomento de vocaciones, formación en los seminarios y atención a los ya presbíteros. La Juventud , tan necesitada de orientación y acompañamiento ayer como hoy; y la Eucaristía, sacrificio y banquete de vida.
Tres objetivos que ocupan un lugar fundamental en la vida eclesial: Las vocaciones, futuro de la Iglesia; la juventud, futuro de la sociedad; Y la Eucaristía, “centro y culmen de toda la vida cristiana”.
Pensando en la Juventud editó revistas, libros, folletos y estampas; creó colegios católicos económicos, fundó locales de lecturas con bibliotecas, salas de juegos y lugares de reuniones, organizó “paseos” a Roma, y otras tantas cosas que atraen al joven y le llevan por el camino del bien.
Para atender a las vocaciones se hizo cargo de una buena parte de los seminarios diocesanos de España, que más tarde se ampliaría a América y a otras naciones. Juan Pablo II le llamará “Apóstol de las vocaciones”. Como él solo no podía abarcar todo, fundó la Hermandad de Sacerdotes Operarios. Y para dar culto a Jesús Eucaristía edificó o asumió los Templos de Reparación, con exposición diaria del Santísimo y atención permanente a fieles y sacerdotes.
Tenía un carácter bonachón y cercano que inspiraba confianza en todos cuantos le trataban.
Amigo de todos. Los pobres, a su muerte, comentaban: “él siempre nos daba”, su hermana le reprochaba que todo lo repartía, hasta su propia ropa de vestir. Amigo de todos los conventos de religiosas, a los que surtía de vocaciones y siempre tenía algún obsequio que llevarlas. Amigo de los jóvenes y de los seminaristas, con los que gastó su fortuna familiar. Pero también amigo de San Pío X, del Cardenal Merry del Val, futuro Secretario de Estado; del Cardenal Della Chiesa, futuro Benedicto XV; del joven Pacelli, futuro Pío XII… Todo el que le trataba quedaba como amigo.
Muy devoto de San José a quien dedicaba todas sus fundaciones; Y San José, agradecido, le concedía todo lo que le pedía. Esta devoción la heredó de Santa Teresa de Ávila, por la que sentía gran admiración.
Las anécdotas de su vida son muy numerosas.
Para terminar citaremos, entre los innumerables testimonios con motivo de su muerte, varios de distintos periódicos del día: “Ha muerto un santo” (El Cruzado); “Don Manuel es de la talla de los más egregios fundadores, digno de emparejarse con aquellos santos gloriosísimos cuyas imágenes campan en la nave principal de la Basílica de San Pedro” (El Castellano). “Yo, a Don Manuel, todavía no le he rezado un Pater noster: le pido por mí, como protector”. “El recuerdo de D. Manuel ha sido para mí, en muchas ocasiones, bálsamo de paz y tranquilidad. No sé por qué he llegado a quererlo tanto, tal vez porque estaba convencido de que él también me quería. ¡Dichosos los que hemos tenido la suerte de ser tan queridos de un santo!” (sacerdote).
Nos queda un modelo como persona y como sacerdote, y un gran santo para pedirle en nuestras oraciones. “Yo, personalmente, guardo algunas de sus reliquias como el mejor de los tesoros”. (Sor María Antonieta Carranza)
Afrodisio Hernández Casero
Rector del Seminario Mayor de San Carlos y San Marcelo en Trujillo (Perú)
Director de la Revista Diocesana Emaús
Sacerdote Operario
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